150 Aldeanos arrancados de sus campos: el este del congo vuelve a ser un pozo sin fondo

Lomalisa, Babungwe y Masoli amanecieron este domingo con casas vacías y pozos sin fondo. Las ADF —ese grupo que ni el Estado Islámico reconoce del todo— llegaron de noche, contaron 150 bocas y se las llevaron. Campesinos, mujeres, niños. El recuento sigue abierto: cada hora que pasa la cifra crece.

Dieudonné Lossa, coordinador de la sociedad civil en Ituri, lo confirmó por teléfono: la masacre de números apenas empieza. «La búsqueda continúa», dijo, y ya se habla de cadáveres en la espesura. Nadie atendió al otro lado cuando EFE llamó a Mambasa: el silencio oficial es otro secuestro.

La frontera que nadie defiende

La frontera que nadie defiende

Las ADF nacieron en Uganda, pero el este del Congo les sirve de refugio y supermercado. Desde 2021, Kampala y Kinshasa juraron cazarlas juntas; la operación se llamó Shujaa, duró meses y dejó la misma pestaña de sangre. Washington las etiquetó como «afiladas» al ISIS, pero los expertos de la ONU no encontraron ni un dólar ni un correo que lo pruebe. Lo que sí hay es un triángulo de oro, coltán y cobalto que se mueve a través de sus rutas; minerales que luego brillan en nuestros móviles.

El este de la RDC lleva 25 años en guerra continua. Más de 120 grupos armados compiten por el control de un territorio donde la Monusco lleva dos décadas apostada sin poder evitar que los pueblos desaparezcan de un día para otro. La misión de paz gasta mil millones al año; el domingo pasado no alcanzó a cubrir ni tres aldeas.

El domingo, mientras los cascos azules hacían inventario de vehículos blindados, los rebeldes hacían inventario de vidas. La diferencia es que sus listas no se publican.