30.000 Peruanos cruzarán fronteras solo para votar: el éxodo electoral que desafía la logística

La frontera de Chile se prepara para un tsunami de pasaportes: entre 20.000 y 25.000 peruanos ingresarán por Tacna solo para llegar a tiempo a su mesa de votación. No son turistas. Tampoco regresan por fiesta. Son votantes que cruzarán el desierto para ejercer un derecho que, paradójicamente, no les alcanza en el país donde pagan impuestos.

La frontera como corral electoral

Alberto Balladares, superintendente de Migraciones, lo dijo sin dramatismo: “Somos el primer filtro de seguridad nacional”. Detrás de esa frase huele a café de madrugada y a colas que se desatan a 3.800 metros de altura. En Desaguadero duplicaron los módulos de control; en Casabi, izaron la bandera y prometieron fluidez. Pero la cifra habla por sí sola: 30.000 peruanos que viven fuera volverán a gastar sus ahorros en un pasaje que no es vacacional.

El detalle que nadie menciona en voz alta: muchos no pueden votar en el exterior porque su DNI aún los ata a un distrito que ya no habita. El registro electoral no migró cuando ellos sí. Entonces, optan por el desgaste: 36 horas de bus, peajes, bolsas de arroz de regalo y la promesa de un tamal en casa de la tía.

El jorge chávez como válvula de escape

El jorge chávez como válvula de escape

Mientras los camiones de carga se amontonan en la Aduana de Santa Rosa, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ensaya otra coreografía. Allí el problema no es la cantidad, sino el espacio: la nueva terminal tiene pasillos más estrechos y los pasajeros lo sienten como hacinamiento. La solución tecnológica suena a consuelo de oficina: e-gates que leen el rostro en tres segundos y una oficina que expide pasaportes de urgencia hasta ocho horas antes del vuelo. Más de 1.500 peruanos ya pagaron el sobrecoste por no haber planificado antes.

Lo curioso: la mayoría de esos pasaportes express no viajarán lejos. Se usarán para cruzar un puente terrestre, votar el domingo y regresar la noche del lunes a la misma pobreza que ya no es noticia.

Balladares asegura que hay stock de libretas hasta 2027: 800.000 unidades guardadas en bodegas que olor a papel timbrado. Pero el papel no vota. El que vota es el cuerpo que atraviesa fronteras, el que soporta controles biométricos y el que, en muchos casos, tendrá que volver a esconderse en la informalidad extranjera antes de que termine abril.

La ironía final: mientras el Estado cuenta cabezas que entrarán, nadie contabiliza cuántas se quedarán. La historia peruana repite su truco de magia: hacer desaparecer al migrante justo después de que emita su voto. Como si el país solo lo necesitara un día cada cinco años.