606 Árboles caerán en la séptima: bogotá paga con verdor su nuevo corredor eléctrico

La Séptima, arteria que late desde 24 hasta la 200, se convertirá en un zanjado de 1,85 billones de pesos y 3.000 árboles talados. La promesa: buses eléctricos, 60% menos tiempo de viaje y ciclorruta de 12 km. La factura ecológica: 606 árboles abatidos, 555 mudados con 70% de probabilidad de muerte y 259 sujetos a cortes de raíces que nadie garantiza.

El lunes 30 de marzo arrancaron las topografías y las primeras prospecciones arqueológicas. Orlando Molano, director del IDU, repite que el contrato firmado por Claudia López en diciembre de 2023 es «de obligatorio cumplimiento». Heidy Sánchez, concejala y ahora voce de la alerta verde, responde que la obligación también es constitucional: el artículo 79 consagra el derecho a un ambiente sano y el Acuerdo de Escazú —ley 2273 de 2022— exige participación y transparencia.

La cuenta de los árboles que nadie quiso sumar

El tramo 99-200 ya tiene permiso de tala. Entre sus hojas están nogales, urapanes y hasta guayacanes que vieron pasar tres generaciones. La tasa de mortalidad post-traslado —40% a 70%— no es una cifra técnica: es un bosque fantasma que volverá como semillas secas en macetas de cemento. El IDU promete 4.388 nuevas plantas y «bosques urbanos»; la pregunta que se escucha en los cafés de Usaquén es si alguien regará esos árboles cuando las cámaras se apaguen.

La obras se acumulan: Primera Línea del Metro en la 72, TransMilenio en la 68 y ahora la Séptima. La ciudad se convierte en un tablero de Jenga ambiental donde cada pieza verde removida tensiona el equilibrio. La OCDE advirtió sobre interacciones sinérgicas; Sánchez traduce: «Si no miramos el daño acumulado, estaremos violando la precaución ambiental de la ley 99 de 1993».

El silencio detrás del ruido de motosierras

El silencio detrás del ruido de motosierras

Las organizaciones ambientales piden al Ministerio de Ambiente que salga del escritorio y se plante en la Séptima. Quieren auditoría independiente, mesas de participación y, sobre todo, que se publiquen los nombres científicos y la edad de cada árbol marcado. Mientras tanto, los 600.000 habitantes que presumiblemente se beneficiarán con el corredor eléctrico aún no han recibido un folleto que explique por qué su comodidad vale 70% de probabilidad de muerte para un árbol.

La ciudad avanza. El bus eléctrico silencioso promete 17 minutos menos de viaje. Pero cuando el asfalto se enfrié y las baterías se recarguen, alguien deberá contar cuántos pájaros ya no encuentran donde posarse. La Séptima, que fue río de jacarandas, podrá convertirse en un canal de concreto con vegetación de ornato. La utopía verde tendrá su precio: 606 troncos convertidos en celulosa y 555 historias arrancadas de cuajo. El nuevo corredor arranca; el viejo bosque urbano no podrá pedir auxilio.