Abuelo confiesa que la escopeta del crimen de san cristóbal era suya

Ian Cabrera tenía 13 años y una mochila con el dibujo de un superhéroe. El lunes llegó temprano a la Escuela N°40 de San Cristóbal, Santa Fe, y nunca más volvió a casa: una bala de escopeta le perforó el tórax durante el recreo. Ocho compañeros siguen internados. El presunto autor del tiroteo es un adolescente de 15 años conocido como G.D. La policía no tuvo que ir muy lejos: el abuelo del chico reconoció que el arma era de su propiedad y que, hasta la noche anterior, descansaba bajo la cama.

La escopeta que nadie controlaba

La confesión llegó en la madrugada del martes. El hombre, de 67 años, dueño de un campo en la zona norte de la provincia, dijo que usaba el arma para «espantar zorros». Explicó que la escopeta calibre 16 estaba guardada sin llave en un placard de su casa, a metros del cuarto donde duerme su nieto. No recordó cuándo fue la última vez que revisó si seguía allí. El muchacho, según el relato policial, se la llevó colgada dentro de una bolsa de deporte y la descargó en el patio escolar pasadas las 9.30.

El expediente, a cargo de la fiscal de menores Carina Gerbaldo, avanza bajo la figura de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por la condición de menor del autor. El fiscal adjunto Mauricio Spinosa ya solicitó pericias balísticas y un allanamiento en la vivienda del abuelo. La clave será determinar si existía negligencia de adultos: en Santa Fe, el Código Penal prevé penas de hasta seis años para quienes facilitan armas a menores.

Un colegio sin protocolo y un barrio que llora

Un colegio sin protocolo y un barrio que llora

La Escuela N°40 no tenía detectores metálicos ni guardia urbano. Su directora, Mariela Gómez, admite que el protocolo de prevención de violencia escolar se actualizó por última vez en 2019. «Nunca imaginamos que algo así pudiera pasar aquí», dice mientras reparte té negro a los docinos que aún lloran en la sala de profesores. Afuera, los vecinos dejaron flores y cartulinas con mensajes: «Basta de armas»; «Ian, perdonanos».

El gobernador Maximiliano Pullaro prometió «una revisión urgente» de la seguridad escolar en los 1.800 establecimientos públicos de la provincia. La ministra de Educación, Mercedes Marcó del Pont, viajó ayer a San Cristóbal y anunció un plan de 800 millones de pesos para instalar cámaras y porteros electrónicos. La cifra habla por sí sola: equivale al triple del presupuesto anual de infraestructura escolar en Santa Fe.

Mientras tanto, G.D. permanece internado en un instituto de menores de la ciudad de Rafaela, a 90 km del lugar del crimen. Allí lo evalúan psiquiatras forenses. Su abuela, con la voz quebrada, prefiere no hablar: «Es un nene, no un monstruo», susurra antes de colgar el teléfono. En la plaza principal de San Cristóbal, un grupo de madres convoca a una marcha silenciosa para el viernes. Llevarán carteles con una sola frase: «La escuela no es un campo de batalla».

La escopeta sigue en la fiscalía. Ian ya fue enterrado ayer, con su uniforme de fútbol puesto. Quedan ocho heridos, un pueblo que pide justicia y una pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta: ¿cuántas armas más duermen hoy en los placards de las casas santafesinas?