Acapulco se agita: 32 °c, viento de 32 km/h y un sol que castiga con índice 11 de uv
Acapulco amaneció este domingo 30 de marzo con un sol que parece querer fundir la arena. El termómetro trepará hasta los 32 °C antes de las tres de la tarde y el viento soplará a 32 km/h, lo suficiente para levantar una cortina de sal que pica los ojos de los pocos turistas que aún caminan por la Costera. La radiación ultravioleta alcanzará el nivel extremo de 11: cualquier piel expuesta más de diez minutos quema sin remedio.

Por la noche, la brisa del pacífico baja la guardia
El cielo se despejará apenas un 25 % y la temperatura caerá a 24 °C. La lluvia apenas tiene un 3 % de probabilidad: no alcanzará ni para apagar la sal de la piel. El viento se calmará a 26 km/h y el olor a marisco frito volverá a dominar el aire de la zona Dorada.
La ciudad que alguna vez fue el playground de Hollywood vive un clima tropical húmedo que, en promedio, se siente como si alguien te envolviera en una toalla mojada. La sensación térmica puede rozar los 41 °C entre abril y mayo, cuando el Pacífico más que abrazar parece hervir.
Pero hay un detalle que los guías no cuentan: los últimos registros históricos muestran que Acapulco puede ser víctima de su propio paraíso. En febrero de 2021 una masa de aire ártico dejó la ciudad a 16 °C, lo que para cualquier turista de Kansas suena ridículo, pero aquí provocó el cierre de hoteles y una corrida a las tiendas por cobijas que no existen en inventario.
El huracán no es un fantasma: entre agosto y septiembre la bahía se llena de nubarrones que escupen hasta 400 mm en 48 horas. En 1997 el huracán Paulina dejó bajo el agua la zona tradicional y obligó a reconstruir el muelle de Pie de la Cuesta con fondos federales que aún se pagan en los impuestos de cada cerveza que se toma al atardecer.
El país entero, por cierto, ya no sabe qué estación es. El Trópico de Cáncer corta México como un cuchillo oxidado: al norte pueden caer -25 °C en Madero, Chihuahua; al sur, San Luis Río Colorado marcó 58,5 °C en 1966, el récord más alto de la historia meteorológica nacional. Entre esos dos extremos se aloja Acapulco, que hoy sólo pide una sombra y un vaso de tepache bien helado.
La Secretaría de Turismo insiste en revisar el pronóstico antes de salir, pero lo que nadie dice es que el cambio climático ya empezó a cobrar entrada: la temporada de huracanes se alarga, los corales del Puerto se despintan y los pescadores artesanales de Barra Vieja aseguran que ya no saben en qué mes van a poder zarpar. El mar, dicen, cada vez se parece más a un espejo roto: brillante, irregular y peligroso.
Mientras tanto, el sol avanza y el termómetro ya marca 29 °C. La arena arde. El índice UV no perdona. Y en la bahía, un turista recién llegado acaba de quemarse los hombros en ocho minutos. La ciudad que alguna vez fue sinónimo de glamour ahora ofrece un trato más simple: si sales sin bloqueador, regresas en forma de gamba al vapor.