Achille polonara vuelve a la pista 10 meses después de despertar del coma: su entrenamiento es un grito de vida
El balón golpea el parqué de Sassari como un latido. Achille Polonara lo recibe, se agacha, dispara. El sonido se escucha tenue, pero se expande por todo el estadio. Diez meses después de que un trombo le cerrara la puerta del alta y lo sumiera en un coma que olía a despedida, el ala-pívot de 34 años ha devuelto la pelota al aire. No hay público, ni camisetas que ondear. Solo un técnico del club y una cámara que graba 23 segundos que se han vuelto virales antes de que él mismo los cuelgue en Instagram. Es lunes por la mañana y, de golpe, la leucemia mieloide que le diagnosticaron en junio parece un apunte a medio página.
Un silencio roto por el botín
La última vez que Polonara defendió un aro oficial fue el 2 de junio de 2025, con la camiseta de Virtus Bolonia. Después llegaron los análisis, la frase que nadie quiere oír y la carrera contrarreloj por un donante compatible. Lo encontraron al 90 % en una mujer estadounidense que nunca ha pisado Italia. El trasplante de médula se hizo en septiembre; el alta se cantó en octubre, pero un coágulo lo tiró del otro lado. Diez días de coma inducido en el Sant’Orsola de Bolonia. A la salida, firmó por el Dinamo Sassari, donde ya había dejado huella entre 2017 y 2019. El contrato no especifica minutos; especifica ganas.
El video que circula empieza con Polonara palmeando el balón como quien toca una pared desconocida. Lanzamiento de técnica, dos passes, un falso dribling y tiro de tres que entra limpio. El técnico le devuelve la pelota sin decir nada; no hace falta. El gesto de Achille es el mismo que usó para despedirse de la neoplasia testicular en 2023, cuando reapareció en menos de dos meses. Entonces era una anécdala; ahora es un patrón.

El fuego de la antorcha olímpica y la cuenta atrás invisible
En diciembre pasado, portó una de las primeras antorchas de los Juegos de Milán-Cortina 2026 entre aplausos que resonaban más fuerte que su paso. Muchos vieron un símbolo; él vio un reloj. Cada kilómetro era un día menos de tratamiento, cada llama un recordatorio de que la pista sigue exactamente donde la dejaron. La misma que hoy ha vuelto a oler a goma y a sudor, no a desinfectante.
El club sardo no ha fijado fecha de regreso competitivo. No lo necesita. El entrenamiento es, de momento, la victoria. El aro no pregunta por los informes médicos; solo si la pelota entra o no. Y hoy, en Sassari, ha entrado. El resto —la Liga ACB que pisó con Baskonia, los títulos con Virtus, la selección italiana— puede esperar. El balón ya ha dicho todo: sigue siendo de Achille.
