Acuña, apuesta por el magisterio: promesas de deuda social en el ojo del huracán electoral
César Acuña cerró su campaña electoral con un discurso enfocado en la reivindicación del sector docente, prometiendo sanear la deuda histórica que el Estado peruano le debe a los maestros. Un mensaje contundente que, lejos de consolidar su base de apoyo, podría agudizar las tensiones en un panorama político polarizado.

El pacto con los docentes: un pilar de su estrategia
En San Juan de Miraflores, ante una multitud de simpatizantes, el candidato de Alianza Para el Progreso (APP) no dudó en declarar que, en caso de asumir la presidencia, priorizaría la liquidación de la ‘deuda social’ con el magisterio. Un compromiso que, según sus palabras, se materializará en los primeros cinco años de su gobierno. La ovación del público evidenció la resonancia de este mensaje, cargado de promesas y expectativas.
Pero la estrategia de Acuña no se limita a un simple discurso. En Ate, presentó un equipo parlamentario que, además de abordar temas de seguridad, empleo y salud, insistió en la importancia de la educación pública y la regularización de las deudas estatales. La inversión en infraestructura y el apoyo a las pequeñas empresas, según sus propuestas, serán motores de una reactivación económica que, paradójicamente, busca sostenerse en el reconocimiento al trabajo de los maestros.
El candidato también concretó su campaña en Áncash, donde reiteró su compromiso y su experiencia administrativa -dos veces congresista, dos veces alcalde de Trujillo, según sus propias afirmaciones-, empezando a consolidar su imagen como un líder con intenciones claras y un historial, por controvertido que sea, de gestión pública. El cierre en Santa Clara, con la presencia de su hijo Richard Acuña y figuras digitales, evidenció la estrategia de conectar con los jóvenes, un electorado clave para su victoria.
La apuesta por el magisterio no es, sin duda, una estrategia electoral arriesgada. La ‘deuda social’ es un problema complejo, arraigado en décadas de inactividad gubernamental. Sin embargo, Acuña lo presenta como un acto de justicia, una promesa de reparación que podría traducirse en un rédito electoral significativo, especialmente en las zonas rurales y en las comunidades educativas.
El panorama electoral peruano se vislumbra incierto. La promesa de Acuña, aunque ambiciosa, podría ser la llave para desbloquear el voto de un sector importante de la población. La pregunta, ahora, es: ¿será suficiente para superar la resistencia de sus oponentes y alcanzar la presidencia?
