Albaicín: vecinos, turistas y una lucha por la identidad
Granada, una ciudad laberíntica de historia y belleza, se enfrenta a una crisis silenciosa en su corazón: el albaicín. Un barrio Patrimonio de la Humanidad, donde la convivencia entre vecinos históricos y el auge del turismo se ha transformado en un campo de batalla por el futuro de su identidad. La situación ha llegado a tal punto que el número de camas hoteleras rivaliza con el de sus propios habitantes, desatando tensiones y un debate nacional sobre vivienda, gentrificación y el derecho a un hogar.
El albaicín, un patrimonio en peligro
Hace más de tres décadas, el Albaicín fue reconocido por la UNESCO, un título que celebraba su idiosincrasia, sus callejuelas empedradas y las vistas privilegiadas a la Alhambra. Pero el tiempo ha erosionado ese encanto original. Artesanos, patios de vecinos y comercios locales han sido reemplazados, progresivamente, por cafés para llevar y alojamientos turísticos. Según César Rodríguez, portavoz de Albayzín Habitable, la situación es “una catástrofe o un colapso urbanístico, habitacional, cultural y de acceso a la vivienda”.
Este movimiento vecinal, lejos de oponerse al turismo, busca un equilibrio: propuestas turísticas y lúdicas que respeten las tradiciones y prioricen a los residentes, que ya no se reconocen en su propio barrio. La pérdida de servicios básicos es palpable, y la proliferación de autobuses y banderines para guiar a los visitantes ha transformado las calles en una “pura maqueta”, según Rodríguez, donde la vida vecinal ha desaparecido.

Sabotajes y pegatinas: la desesperación de los inquilinos
El Sindicato de Inquilinas ha optado por una estrategia más directa: marcar con pegatinas los alojamientos turísticos de grandes tenedores y fondos de inversión, denunciando la especulación y la expulsión de los vecinos. En el último mes, más de 300 “cajetines” que protegen las llaves de estos alojamientos han sido saboteados con pintura y silicona, una acción que ha generado polémica y ha movilizado a la Policía Nacional, sin que hasta el momento se hayan producido detenciones.
La cifra es reveladora: una de cada cuatro viviendas en el Albaicín se ha convertido en alojamiento turístico. Antonio Jesús Castillo, presidente de la Asociación de Viviendas Turísticas y Alojamientos Rurales de Granada (AVITARGRANADA), defiende la legalidad de su actividad, argumentando que los 1.800 pisos turísticos no son los responsables del problema de acceso a la vivienda, y denunciando un “acoso” por parte de entidades públicas y privadas.
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