Alborán: de bares a escenarios de 100.000 personas, su reflexión tras la gira
Pablo Alborán ha culminado una extensa gira por América Latina, dejando tras de sí un rastro de estadios abarrotados y un público entregado que superó el centenar de miles de personas. Pero más allá del éxito numérico, el artista ha utilizado este regreso a lo que él llama su “kilómetro cero” para reflexionar sobre el camino recorrido y la importancia de mantener la autenticidad en el escenario.
El valor de la adversidad y el precio de la fugacidad
La travesía americana, que lo llevó por ciudades como Santiago, Buenos Aires, Bogotá, Lima y Sao Paulo – donde debutó tras 15 años de carrera, una deuda con un público “cariñoso” –, no solo le permitió conectar con nuevas audiencias, sino que también le sirvió para revalorizar su propia trayectoria. “No sería como soy si no hubiera viajado y estado con mi guitarrita por ahí”, confiesa Alborán, recordando los años de bares y antros con un disco que nadie quería. La dificultad, según el artista, es la que otorga valor a las cosas: “Es bueno que cueste, porque si no da la sensación de que las cosas son fugaces”.
Tras superar recientemente un periodo de “turbulencias” familiares, Alborán parece haber adquirido una nueva perspectiva sobre la vida y la música. Para él, el mayor peligro reside en convertir la experiencia artística en una mera rutina: “Una vez leí que los músicos tenemos la responsabilidad de sostener algo que aparece y desaparece en el escenario, y ahí está su valor, en que no va a suceder más y en que cada vez debe ser irrepetible”.

De la zona de confort a la conciencia social
La necesidad de salir de la zona de confort es, según Alborán, fundamental para su crecimiento personal y artístico. “A mi personalidad le viene bien además salir de su zona de confort y que no todo sea perfecto ni todos los escenarios ideales”, afirma. La experiencia de viajar y conocer otras culturas le permite, a su vez, valorar lo que tiene en su propio país, aunque reconoce que a veces la perspectiva externa es necesaria para apreciar la realidad: “Muchas veces no nos damos cuenta de cómo están las cosas fuera y somos más exigentes”.
En un contexto marcado por la polarización y la proliferación de noticias falsas, Alborán se muestra preocupado por el clima de odio que percibe en los medios de comunicación. “Me cansa y me aburre, porque lo veo en absolutamente todo, en periódicos, en presentadores y en cadenas, pero creo que en la calle no hay tanto odio”, declara. En este sentido, valora la música en directo como un espacio de encuentro y conexión entre personas de diferentes ideologías y orígenes, un “algo casi espiritual” que no debe subestimarse.
Con la primera parte de su gira concluida, Alborán se prepara para regresar a España en mayo, con conciertos programados en Bilbao, Barcelona, Madrid y Valencia. Aunque se le ha planteado la posibilidad de dar el salto a una gira de estadios, prefiere “afianzar antes de dar ese salto”, priorizando la calidad del sonido y la experiencia en espacios más íntimos, donde pueda apreciar los “matices” que tanto valora en su música. El camino recorrido le ha enseñado que la autenticidad y la conexión humana son, al final, los verdaderos pilares de su éxito.