Alcaraz se juega el trono en montecarlo: sinner acecha a 190 puntos

Carlos Alcaraz entrena este martes en El Palmar con la calculadora en la cabeza. La tierra batida monegasca le sonríe, pero Jannik Sinner le respira en el cuello: 190 puntos separan al murciano del italiano que devora todo lo que toca. El Masters 1.000 de Montecarlo (5-12 abril) no es solo el reencuentro del campeón con su trofeo; es la trinchera donde se decide qui mandará en el tenis las próximas semanas.

Una final anticipada que nadie pidió

Una final anticipada que nadie pidió

La lógica del ranking da un giro de tuerca. Si Sinner gana el torneo sumará 1.000 puntos que no defendía —estaba sancionado el año pasado— y tocará los 13.400. Alcaraz, por su parte, ya no puede sumar: su victoria de 2025 pesa 1.000 y cualquier resultado por debajo de la final le restará unidades. La cuenta es tozuda: un hipotético duelo decisivo con triunfo del italiano dejaría al pupilo de Samuel López con 13.240 y colocaría a Sinner líder con 13.400. Dos sets bastarían para voltear el orden del mundo.

El sorteo, cruel, los coloca en lados opuestos del cuadro. Es decir: pueden cruzarse en la final, cuando el título y el número uno estén en la misma mesa. La escena tiene antecedentes recientes: Indian Wells y Miami confirmaron que el ritgo de Sinner ya no es una racha, es un cambio de ciclo. Alcaraz, que cayó en tercera ronda en Florida, necesita un golpe de autoridad en la tierra que le vio crecer.

Mientras tanto, en el Club de Campo de El Palmar, el sonido de la pista 1 es metálico, de raqueta a raqueta. Martín Landaluce, 20 años, 102 del mundo, recibe derechas que le llegan al pecho. Es el sparring elegido para emular la potencia de Sinner. «Tienes que leer la bola antes de que se marque el número», le grita Alcaraz entre puntos. La frase resume el guion de la semana: anticiparse o ser anticipado.

La cifra habla por sí sola: 1.190 puntos de diferencia hace dos meses, 190 hoy. El abismo se ha convertido en rendija. Lo que nadie cuenta es que, detrás de la cámara, Alcaraz ha pasado la semana previa repasando vídeos de sus partidos en Montecarlo 2024: 26 winners en la final contra Tsitsipas, 14 de ellos con su revés cortado, el golpe que ahora ensaya hasta la extenuación. Cada repetición es un intento de detener el tiempo, de congelar el instante en que la pelota aún no ha decidido a quién obedecer.

Sinner, por su parte, llega al Principado sin haber pisado tierra batida oficial desde Roland Garros del año pasado. Es la asignatura pendiente del número dos. Si la conquista, el trono será suyo. Si falla, Alcaraz conservará la corona, pero la grieta ya está ahí. El tenis, como la arena de Montecarlo, se mueve ligeramente bajo los pies. Y esta vez no hay red que detenga la avalancha.