Aleks syntek rompe el silencio: ‘me quieren jubilar a los 40’
Aleks Syntek ya no es trending topic, pero sigue siendo una voz incómoda. Sentado en un café de la Condesa, con la camisa desabrochada y la mirada de quien ha visto demasiado, el músico lanza la primera piedra: “En México, si no haces reguetón o corridos tumbados, te desechan”. La frase suelta un eco que estremece a los que crecimos con Sexo, pudor y lágrimas y aún recordamos la letra de Duele el amor de memoria.
Cinco años de escándalo que nadie pidió
Desde 2020, su nombre aparece más en portadas de espectáculos que en listas de éxitos. Primero fue el ingreso a una clínica de “bienestar” que medios convertieron en centro de desintoxicación. Luego, la separación, los rumores de salud mental, la burla en redes. “Inventan que estoy muerto cada seis meses”, dice sin tartamudear. Detalle que duele: durante la entrevista su teléfono vibra con un meme que lo muestra con una sábana encima. Lo minimiza con una carcajada amarga. “El algoritmo necesita cadáveres”, sentencia.
La curiosidad me obliga a preguntarle si todo esto ha sido plan calculado, un reality sin cámaras. Niega con la cabeza y se agarra la rodilla como quien frena un temblor. “No tengo manager de crisis, solo un hijo que me googlea y me pregunta por qué dicen que estoy loco”. La confesión pesa. Fuera, la Ciudad de México huele a lluvia y tacos; dentro, el silencio huele a miedo a ser olvidado.

‘Zen’ es un disco contra la irrealidad
Para demostrar que sigue vivo, Syntek estrena ‘Zen’ el 9 de mayo. Doce canciones grabadas en su estudio de Coyoacán entre paredes llenas de discos de oro que ya nadie toca. “Grabé pranayama como quien graba un corrido: con la misma rabia, pero con mantras”. El adelanto Matrix suena a Depeche Mode en versión mariachi: letras sobre pastillas azules y pantallas que engullen almas. “La película de las Wachowski era un documental”, ironiza.
El disco no busca el top ten de Spotify; busca resucitar la figura del ídolo que canta y te mira a los ojos. “Somos la última generación que compraba cassettes porque creía en la foto del inserto”. Ahora la foto es un thumbnail que cambia cada segundo. Por eso incluye Kamasutra, una balada tan lenta que obliga al algoritmo a respirar. “Si la gente se la folla al mismo ritmo, habré ganado”, dice sin rubor.
La gira que nadie quiere financiar
El 3 de abril arranca en Nueva York una gira de doce ciudades que ha ten que autofinanciar. “Las empresas mexicanas me responden: ‘¿Syntek? No da clicks’”. Así que vendió dos guitarras Gibson, se asoció con productores latinos de segunda generación y reduce el staff a cuatro personas. “Vamos en una van como en los 90, pero con GPS y sin drogas”. El objetivo: llevar Duele el amor a un público que llora en inglés y español por la misma razón: la migra, la soledad, el precio del gas.
Antes de despedirse, me enseña el setlist. Cierra con Más fuerte de lo que pensaba, el tema que da título a su libro de memorias que Random House lanzará en otoño. “No es una autobiografía, es un manual de supervivencia para los que cumplen 40 y Spotify les dice que ya están muertos”. Se levanta, se ajusta el cinturón y camina hacia la puerta. Afuera lo esperan cero fotógrafos y un Uber que no lo reconoce. “La fama es una estación, no la casa”, murmura mientras sube. El coche arranca. En la radio, por ironía del destino, suena un tema reguetón. El conductor sube el volumen. Aleks sonríe, le baja y pide jazz. Todavía puede.