Alemania pacta devolver a 800.000 sirios: el regreso masivo que merz prometió

alemania ha firmado este martes en Berlín el mayor acuerdo de repatriación de su historia reciente: hasta 800.000 refugiados sirios regresarán a Damasco en los próximos tres años. La cifra equivale al 80 % del censo sirio en suelo alemán y supone la consumación de la promesa electoral que llevó a Friedrich Merz a la Cancillería: poner fin a la era Merkel de fronteras abiertas.

La foto que lo cambia todo

El gesto fue breve, pero cargado de simbolismo. Ahmad al-Sharaa, hasta hace meses jefe de una milicia y ahora presidente interino de Siria, estrechó la mano de Merz frente a las cámaras. Dos hombres que no se habían tocado en público sellaron un trato que devolverá a casi un millón de personas a un país que sigue lleno de minas, sin constitución y bajo un gobierno de facto. El canciller lo justificó con una frase que sonó a sentencia: «La guerra civil ha terminado». Lo que no dijo es que la paz no ha llegado ni a la mitad del territorio.

El mecanismo arrancará en cuestión de semanas. Un grupo de trabajo binacional se instalará simultáneamente en Berlín y Damasco para clasificar expedientes, revisar protecciones y programar vuelos charter. La primera lista incluye a quienes nunca obtuvieron asilo y a quienes ya tienen orden de expulsión firmada. Nadie habla de fechas exactas, pero el Ministerio del Interior ha alquilado hangares en los aeropuertos de Colonia y Leipzig para «procesar salidas masivas».

Dinero para que el regreso duela menos

Dinero para que el regreso duela menos

El Gobierno alemán desembolsará 200 millones de euros en los próximos doce meses. El dinero no irá a bolsillos de los repatriados, sino a proyectos de reconstrucción selectiva: carreteras que conecten los barrios suníes con los puertos alauitas, plantas potabilizadoras en las zonas cristianas y, sobre todo, vivienda prefabricada para absorber la oleada. Es la coartada humanitaria de una operación que, en la práctica, devuelve a medio exilio para aliviar la presión interna.

Al-Sharaa, por su parte, prometió empleo. Aseguró que los ingenieros sirios formados en Stuttgart o Munich serán «prioridad nacional» en la futura licitación de contratos petroleros. La ironía es brutal: quienes huyeron de las bombas de su propio bando ahora están invitados a levantar el país que los desplazó.

El coste político de merz

El coste político de merz

En alemania el acuerdo ha detonado la guerra interna. Los verdes denuncian «deportaciones encubiertas»; la derecha populista de Alternativa para Alemania exige que se acelere el ritmo y se incluya a los que ya tienen pasaporte alemán. Merz, atrapado entre ambos fuegos, ha optado por la vía intermedia: retorno «voluntario forzoso». Quien acepte el bilátero recibe 1.500 euros y un visado de retorno; quien se niegue se enfrenta a la expulsión administrativa.

La cifra habla por sí sola: desde 2015 Alemania ha absorbido a 1,3 millones de sirios. Con este pacto, la mayoría dejará de existir en los padrones municipales antes de que acabe la legislatura. Las ciudades de Renania-Westfalia y Baja Sajonia ya preparan cierres de centros de acogida; los colegios duales que formaron a cientos de jóvenes sirios en mecánica industrial reciben la orden de congelar matrículas.

Siria recibe a los suyos sin red

En Damasco los retornados encontrarán un Estado que aún no ha aprobado presupuesto. El nuevo gobierno controla el 60 % del territorio, pero las milicias siguen cobrando peajes en carreteras y los servicios secretos operan desde sótanos improvisados. La ONU advierte de que al menos 300.000 viviendas están inhabitables y que los hospitales funcionan al 40 % de su capacidad. Aun así, la Unión Europea avala el plan: Bruselas prefiere mil vuelos charter a otro verano de tensiones en las fronteras griegas.

El reloj ya corre. El primer vuelo sale el 15 de julio con 320 pasajeros a bordo. Entre ellos, Layan Al-Khalil, médico de 34 años que llegó a Magdeburgo en 2016 y que ahora empaqueta sus libros de radiología. «No me han dicho que pasa si rechazo, solo que mi subsidio se acaba en agosto», explica por teléfono. Su historia se repetirá 800.000 veces. Alemania apuesta todo a que Siria aguante el empuje; Siria apuesta todo a que Europa pague la factura. El perdedor, una vez más, lleva una maleta y un pasaporte provisional.