Alerta en la leche saborizada: ¿cuál protegen de más azúcar?
Un estudio reciente de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha sacudido el lineal de las leches saborizadas infantiles, revelando una preocupante discrepancia entre lo que prometen en la etiqueta y lo que realmente contienen. No todas las opciones son iguales, y algunos productos, lejos de ser aliados en una dieta equilibrada, podrían estar contribuyendo al consumo excesivo de azúcar en los más pequeños.
El análisis forense a 32 marcas
La Profeco, fiel a su labor de vigilancia y defensa del consumidor, sometió a pruebas rigurosas 32 leches saborizadas populares en México, desde las clásicas de vainilla y chocolate hasta las versiones deslactosadas, con un objetivo claro: determinar cuáles cumplen con la normativa vigente y cuáles se quedan cortas. La norma NOM-155-SCFI-2012, que regula el etiquetado y la composición de los lácteos, fue el eje central de la investigación, pero el escrutinio fue mucho más allá, analizando la veracidad de la información nutricional, la presencia de vitaminas esenciales y, crucialmente, el tipo de grasa utilizada.
El resultado es una radiografía reveladora. Si bien algunas marcas se mantienen fieles a sus promesas, otras presentan diferencias significativas entre los azúcares declarados y los realmente presentes, una práctica engañosa que puede inducir a error a los padres. Pero la sorpresa más grande llegó al descubrir que seis productos, que se anuncian como leches, en realidad utilizan grasa vegetal en lugar de la grasa butírica, propia de la leche de vaca. Un detalle que, más allá de la etiqueta, afecta directamente a la calidad nutricional del producto.

Los ganadores y los perdedores del test
Entre las opciones que brillaron por su bajo contenido de grasa y perfil nutricional equilibrado, destacan Nestlé Nesquik sabor vainilla (1.3 g de grasa/100 ml, 9.0 g de azúcares/100 ml), Sello Rojo sabor vainilla (1.8 g de grasa/100 ml, 14.4 g de azúcares/100 ml) y Bimbo Leche Nito sabor chocolate (1.8 g de grasa/100 ml, 13.7 g de azúcares/100 ml). Todas ellas, además, conservan la grasa butírica, un factor a favor de su calidad.
Sin embargo, la lista de los que no cumplen es considerable. La falta de transparencia en la información nutricional y el uso de grasas vegetales en lugar de lácteas son motivos de preocupación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de azúcares libres a un máximo de 25 gramos diarios en niños, y es evidente que algunas leches saborizadas, incluso las que se presentan como saludables, pueden superar con creces ese límite.

La clave está en la etiqueta, pero no solo
La Profeco, con este estudio, nos recuerda una verdad ineludible: la responsabilidad de elegir alimentos saludables para nuestros hijos recae en nosotros. Revisar cuidadosamente el etiquetado es fundamental, pero no suficiente. Es necesario comprender que la denominación “leche” no garantiza automáticamente una composición láctea pura, y que la presencia de grasa vegetal puede alterar significativamente el valor nutricional del producto. Las versiones deslactosadas, aunque a menudo presentan menos sellos de advertencia por su bajo contenido de azúcares, también merecen una mirada crítica.
La leche saborizada no debe ser un sustituto de una dieta equilibrada, sino un complemento ocasional. Ante la abundancia de opciones en el mercado, la información es la mejor arma para proteger la salud de nuestros hijos. Y la Profeco, con su trabajo incansable, nos proporciona las herramientas necesarias para hacerlo.
En definitiva, la cifra que lo dice todo es esta: la falta de regulación estricta y la permisividad en el etiquetado permiten que productos con alto contenido de azúcar y grasas no lácteas se vendan como opciones saludables para los niños. Un engaño que la sociedad, y especialmente los padres, deben combatir con información y exigencia.