Alfaro dispara la alerta: marruecos ya asalta el podio de 2026

Gustavo Alfaro no vino a Asunción a vender humo. El técnico de Paraguay miró a los periodistas, respiró y soltó la bomba: Marruecos puede ganar la Copa del Mundo 2026 y, de paso, la de 2030 que organizará con España y Portugal. La frase cayó en la sala de prensa como una losa y aún resuena en los pasillos de la Asociación Paraguaya de Fútbol.

El espejo africano que sudamérica no quiere ver

El espejo africano que sudamérica no quiere ver

El entrenador argentino desglosó la letanía de éxitos: semifinal en Catar 2022, campeón del Mundial sub-20, empate sin despeinarse ante Ecuador en Madrid. Un récord que, según Alfaro, debería doler en los huesos de las federaciones medianas. Marruecos no es Brasil, repitió, pero su plan de infraestructura y scouting ya rivaliza con las potencias clásicas.

La comparación duele porque apunta directo al ombligo sudamericano. Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia llevan años discutiendo si juntan o no juntan sedes para 2030 mientras los marroquís levantan estadios con fecha de entrega. La cifra habla por sí sola: el complejo de Mohamed VI en Salé costó 650 millones de dólares y ya alberga dos academias con escolares de 14 países africanos.

Alfaro sabe lo que hace. En su paso por Boca aprendió que la hinchabla no perdona la falta de ambición y aquí aplica la misma receta. Por eso insiste: ¿por qué nosotros no?. La pregunta planea sobre la Albirroja como una losa antes del amistoso del martes contra los Leones del Atlas. Diez días después del 1-0 a Grecia con gol de Diego Gómez, el técnico baraja repetir el mismo once si los médicos lo autorizan.

El mensaje es claro: si Marruecos pudo, cualquier federación con menos habitantes que un barrio porteño también. Lo que nadie cuenta es que detrás del éxito hay un sheikh que financia ligas juveniles, un rey que convierte el fútbol en política de Estado y una diáspora que llena las gradas de París o Madrid con drápidas marroquís. Sudamérica tiene pasión, pero el norte africano suma recursos y planificación.

El martes, cuando suene el himbre en el estadio Defensores del Chaco, los paraguayos saltarán al césped con la sombra de Alfaro pegada al tobillo. No se trata de ganar un amistoso: se trata de demostrar que el espejo marroquí no los deja ciegos. La pelota empieza a rodar a las 20:00 y, para entonces, la advertencia del entrenador ya habrá recorrido todos los grupos de WhatsApp del continente. Marruecos avisa y Sudamérica tiene 90 minutos para responder.