Alonso cruza meta en suzuka y estalla: «el ritmo era penoso»
Fernando alonso se bajó del AMR26 en Suzuka con el ceño frío de quien ha cumplido un deber mínimo: terminar. Decimoctavo, a dos vueltas del ganador. «La primera meta era acabar, y lo hemos hecho delante de los japoneses», dijo al borde del asfalto, pero el tono fue de autoinmolación: «El ritmo era pobre y no mejoró».

Un podio de 2006 que hoy parece siglo xx
La pista donde revalidó su segundo título hace dieciocho años lo recibió con aplausos, pero el sonido se le quedó atrás como eco de otra vida. El asturiano llegó tarde a Japón —recién estrenada paternidad— y se encontró un monoplaza que no responde ni obedece: abandono en Australia, abandono en China, y ahora una remontada que no llegó a existir.
«Había muchas cosas por hacer», reconoció ante Dazn. La más urgente era aguantar 53 vueltas sin romper. Lo consiguió, pero tras él entró Lance Stroll, su compañero, y los datos crudos hablan por sí solos: 1,8 s por vuelta más lento que el grupo medio, degradación de neumáticos que parecía pájaro con ala rota y una ventana de funcionamiento que se estrecha cada fin de semana.
El nuevo motor Honda —que debería ser el talismán— no ha dado ni un soplo de ventaja. «Ahora analizaremos en Silverstone y en Sakura», prometió, refiriéndose a los túneles de viento y a la sede técnica japonesa. El calendario, sin embargo, se ha vuelto borroso: guerra en Oriente Medio ha borrado Baréin y Arabia Saudí del mes que viene, y la próxima cita será Miami, circuito urbano que no perdona los cocos vacíos de downforce.
La estadística es cruel: 106 podios en 378 grandes premios, pero solo tres carreras completadas en los últimos diez meses. A los 44 años, alonso ya no mide su carrera en victorias, sino en kilómetros que sirvan para entender por qué el coche se niega a girar. Cada metro es ahora un dato, no un triunfo.
Mientras hablaba, los mecánicos embalaban frenéticamente en la parrilla. Afuera, los fans japoneses agitaban banderas con el número 14, como quien sostiene una foto antigua. alonso los vio desde lejos y soltó una frase que sonó a despedida disfrazada de promesa: «Fue gratificante competir con Lance». Gratificante, no útil. Porque en la F-1 la utilidad se mide en puntos, y él volvió a sumar cero.
El equipo publicó un comunicado optimista: «Gran progreso, hemos terminado». Pero en el paddock circula la versión de que el asturiano ya no regala el beneficio de la duda. Quienes le rodean aseguran que en la reunión técnica de anoche soltó: «No puedo pilotar lo que no entiendo». Y eso es, hoy por hoy, el resumen de su temporada: un genio atado a un artefacto que desconoce.
Miami se acerca con sus curvas de hotel y su aroma a dinero fresco. Allí no valdrá cruzar la meta por el simple gesto de cruzarla. Allí, si el AMR26 no traduce los kilómetros de Suzuka en respuesta, la historia de Alonso podría pasar de la épica al epílogo. Porque en la F-1 la paciencia dura lo que el depósito de gasolina: 110 kilómetros y adiós.
