Anabel pantoja desembarca en sevilla con alma en semana santa y ya piensa en la reconciliación con kiko
La Semana Santa levantó el telón y Anabel Pantoja cruzó el Guadalquivir con la misma seguridad con la que su tía Isabel ganó el Puerto de Santa María. En la esquina de San Gonzalo, la televisiva sobrina de la tonadillera se plantó con la niña de un año en brazos y una chaqueta beige que enmarcaba la sonrisa que no le cabía en la boca.
«Como todos los lunes aquí estoy y estoy feliz», dijo al canal de Europa Press mientras acomodaba a Alma entre mantillas y capirotes. La pequeña, que ya señala los pasos como quien descubre la luna, no para de repetir «mamá, más», cada vez que suena una marcha procesional. «Le encantan», confesó Anabel, que lleva desde el Domingo de Ramos en Córdoba siguiendo la estela de su pareja, David Rodríguez, costalero en la hermandad del Gitano.
El cansancio de david y la gira americana que nadie cancela
David se quedó esta vez en el hotel. «Sacó un paso ayer por la tarde, ha venido ahora de Córdoba y está cansado», justificó ella, aunque desveló que «les veremos juntos en los próximos días». La agenda incluye un reencuentro con Kiko Rivera, el primo que aún no ha escuchado su propia canción de reconciliación. «No la he escuchado, pero ahora que estoy con él la voy a escuchar con él», soltó entre risas nerviosas, como quien se prepara para abrir una carta que ya sabe que trae lágrimas.
Mientras tanto, el equipo que rodea a Isabel Pantoja sigue intacto. José Antonio Abad, que la semana pasada parecía a punto de quedarse en tierra de nadie, camina a su lado y prepara las maletas para la gira americana. «Abaratar costes» quedó en un susurro de pasillo que nadie confirmó.

Nagore robles, la isla y el miedo ajeno
La conversación derivó en Nagore Robles, amiga incondicional que acaba de firmar por Supervivientes. «Acabo de hablar con ella y tengo yo más nervios que ella», soltó Anabel, que ya la imagina «conquistando la isla y quedándose a vivir allí». La frase suena a chiste, pero contiene una verdad: en la familia Pantoja, los reality shows son territorio conquistado y Nagore sabe más de supervivencia que cualquiera de sus futuros compañeros.
Al caer la tarde, la procesión de San Gonzalo dobló la esquina y Anabel apretó a su hija contra el pecho. «A disfrutar en familia, si no os importa», despidió mientras se perdía entre el incienso y el rumor de las saetas. En Sevilla, la Semana Santa acaba de empezar y la Pantoja ya ha marcado su territorio: entre capirotes y cámaras, entre reconciliaciones y realitys, entre el arte y el negocio de ser Pantoja.
