Anboto sale de prisión: el dolor de las víctimas, la ley en vigor
La imagen de Soledad Iparragirre, conocida como Anboto, saliendo de la cárcel de Martutene el pasado 24 de marzo, con gafas de sol y rodeada de allegados, ha vuelto a abrir una herida profunda en la sociedad vasca. Un dolor palpable para las víctimas del terrorismo, mientras el Gobierno Vasco justifica la medida como un paso, aunque controvertido, hacia la reinserción social.
Un artículo del reglamento penitenciario en el ojo del huracán
La salida de Anboto, exdirigente histórica de ETA, no es una excepción. Se ajusta al artículo 100.2 del reglamento penitenciario, una vía que ya ha permitido salidas similares a otros presos de la organización, como Garikoitz Azpiazu (Txeroki) y Ángel Tellería. La ironía es que, a diferencia de otras medidas como el tercer grado o la libertad condicional, este artículo no exige requisitos específicos para los condenados por terrorismo, lo que ha generado una fuerte controversia.
Son ya más de veinte los presos de ETA que se benefician de esta flexibilización, saliendo de la cárcel de lunes a viernes para trabajar, recibir tratamiento o realizar voluntariado. La cifra, aportada a EFE por la Asociación de Víctimas del Terrorismo y Etxerat, la asociación de familiares de presos de ETA, revela una realidad que las víctimas consideran incomprensible.
Lo que nadie cuenta es que esta vía de reinserción no es una iniciativa reciente del Gobierno Vasco, que asumió la gestión de las cárceles vascas en 2021. Muchos presos de ETA ya se beneficiaban de ella incluso antes del fin del terrorismo y, en muchos casos, se aplicaba a reclusos enfermos o que habían distanciado su vinculación con la organización.
La polémica de 2007: Iñaki de Juana Chaos y la huelga de hambre La aplicación más recordada y criticada de este artículo se remonta a marzo de 2007, cuando Iñaki de Juana Chaos, en huelga de hambre, recibió la autorización para salir de prisión. Un precedente que alimenta el debate actual.
Además de Anboto, Txeroki y Tellería, otros nombres relevantes de ETA que disfrutan de este régimen son José Ramón Carasatorre, Jon Olarra Guridi y José Javier Arizkuren Ruiz (Kantauri). Desde que el Gobierno Vasco asumió la competencia de prisiones, se han aplicado 142 medidas del artículo 100.2, de las cuales 48 corresponden a presos de ETA.

El gobierno vasco y las críticas de las víctimas: un choque frontal
Las asociaciones de víctimas califican esta vía como una “trampa”, un “atajo” para conceder semilibertad a aquellos que no cumplen los requisitos para acceder al tercer grado. Covite, por ejemplo, lo considera un mecanismo para eludir las exigencias de desvinculación y arrepentimiento.
El Gobierno Vasco, por su parte, defiende la aplicación de la ley y el principio de reinserción, aunque reconoce que las salidas de prisión de figuras relevantes de ETA causan un profundo dolor a las víctimas. La cifra habla por sí sola: quedan más de 120 presos de ETA en las cárceles vascas y francesas, muchos de ellos aferrados a la esperanza de una amnistía total.
Mientras, la justicia continúa su curso. El juez de vigilancia penitenciaria aún no se ha pronunciado sobre el caso de Anboto, mientras que la Fiscalía de la Audiencia Nacional, en el caso de Txeroki, informó favorablemente sobre su régimen de flexibilización, revelando que este antiguo jefe de ETA ha participado en encuentros restaurativos con víctimas del terrorismo, una iniciativa discreta promovida por el Gobierno Vasco.
