Excavaciones en cisjordania: ¿arqueología o estrategia territorial?

En el árido paisaje del desierto de Judea, una serie de excavaciones arqueológicas están desenterrando no solo vestigios de civilizaciones pasadas, sino también una compleja y actual disputa territorial. El sitio de Tala'at Ad-Dam, un punto clave en una antigua ruta de peregrinación a Jerusalén, se ha convertido en un campo de batalla silencioso donde la historia y la política se entrelazan de manera inextricable.

La arqueología como herramienta política

La arqueología como herramienta política

Eyal Freiman, responsable de la administración civil israelí en Judea y Samaria, insiste en que su trabajo se basa en la preservación del patrimonio, independientemente de las opiniones políticas. Pero la pregunta que plantea Talya Ezrahi, experta en arqueología, resuena con fuerza: ¿Para quién se está protegiendo este patrimonio? Para Ezrahi, y para muchos otros críticos, la arqueología en Cisjordania se ha convertido en una herramienta para legitimar las reivindicaciones territoriales israelíes, buscando evidencia de una presencia judía continua en la región desde tiempos bíblicos.

La acusación es clara: la excavación de sitios como Nebi Samuel, donde se cree que está enterrado el profeta Samuel, ha servido para justificar la construcción de asentamientos y la apropiación de tierras palestinas. La historia de Eid Barakat, desplazado de su hogar en Nebi Samuel para dar paso a un sitio turístico, es un testimonio amargo de este proceso. El hecho de que Barakat lleve décadas en alojamiento temporal, sin obtener un permiso de construcción, es una denuncia silenciosa.

Israel ha destinado cerca de 100 millones de dólares a desarrollar sitios arqueológicos y turísticos en Cisjordania, una inversión que, según sus defensores, busca promover el turismo y la comprensión de la historia. Sin embargo, para muchos palestinos, esta inversión representa una forma de consolidar el control sobre la región.

Adi Shragai, arqueóloga israelí, argumenta que la protección de estos sitios es beneficiosa para la humanidad, pero reconoce la dificultad de separar la arqueología de la realidad política. La situación en Sebastia, antigua capital del Reino de Israel, ilustra esta complejidad. La ciudad, un crisol de culturas a lo largo de los siglos, ha visto cómo partes de su historia han sido “completamente borradas” por la construcción.

Zaid Azhari, un guía turístico palestino de Sebastia, denuncia la exclusión de los palestinos de los sitios arqueológicos cuando los equipos israelíes están trabajando. La reciente orden de expropiación de tierras en Sebastia, que afectaría a los cultivos y la economía de la comunidad local, es, según Azhari, un claro intento de “controlar y robar” tierras palestinas.

Rafi Greenberg, profesor de arqueología en la Universidad de Tel Aviv y cofundador de Emek Shaveh, subraya que los hallazgos arqueológicos no pertenecen al pasado, sino que se interpretan y se utilizan en el presente. La experiencia de Greenberg en la Ciudad de David, un sitio donde se cree que el rey David construyó su capital, revela cómo la arqueología puede ser utilizada para construir narrativas nacionales y justificar reclamaciones territoriales.

El ministro de Patrimonio israelí, Amichai Eliyahu, defiende la importancia de la arqueología para demostrar la conexión histórica del pueblo judío con la tierra de Israel, llegando incluso a afirmar que “no existía un pueblo palestino” hace 60 años. Esta declaración, provocadora y polémica, refleja la tensión inherente a la arqueología en una región tan conflictiva.

En última instancia, lo que se escucha en ambos lados es un grito: “Esto es mío”. Los vestigios de un pasado remoto se convierten en armas en una batalla por el presente. Y mientras las excavaciones continúan, la arena del desierto de Judea sigue guardando secretos que, lejos de unir, amenazan con profundizar la división.