Antonio banderas carga la virgen de lágrimas en málaga: la procesión que le devuelve a su barrio
antonio banderas ha cruzado esta mañana la puerta de la iglesia de San Juan con el paso de la Virgen María Santísima de Lágrimas y Favores sobre sus hombros. Han hecho falta 28 años de rodajes, premios y alfombras rojas para que el actor malagueño regrese cada Domingo de Ramos a la misma esquina del Perchel, vestido de nazareno y sin gorra, para que le vean la cara.
Media hora antes de que el cortejo abriera la marcha, Banderas se ha metido en la casa de hermandad —un local sin lujos, olor a cera y café—, se ha cambiado allí mismo y ha saludado a los costaleros con la familiaridad de quien repite oficio. «Nosotros no tenemos fotos con él, tenemos recuerdos de antes de que fuera famoso», dice Manolo, un vecino que lleva 40 años en la cuadrilla.
La procesión empieza en la memoria
La Virgen de Lágrimas sale a las 12:15, pero el ritual comenzó anoche cuando los primeros curiosos apostaron sillas en la acera. Banderas lo sabe: ha vivido esta misma escena desde que tenía ocho años y su padre le alzaba para que viera el paso desde el hombro. Ahora es él quien carga y quien, entre troncos de madera y candelabros de plata, recuerda a su padre fallecido. «Vengo a hablarle a la Virgen y a mi barrio», ha dicho sin micrófonos, mientras le ajustaban la cuerda del sayal.
La comitiva recorre la calle Cristo de la Epidemia, dobla por Plaza de la Merced y enfila hacia la Alameda. Miles de móviles se alzan, pero en el grupo de costaleros nadén mira el teléfono: el ritmo lo marca un silencio que pesa más que el paso. «Uno, dos, tres. y al paso», grita el capataz. Banderas va en el lado derecho, tercer tramo, donde siempre le toca. «No hay foto oficial, no hay rueda de prensa; aquí es él y el barro», cuenta una camarera que sirve medias del Bar El Piyayo a los que vuelven de la procesión.

El dinero no entra en la hermandad
Preguntado por la prensa que le espera en la esquina del Círculo de la Amistad, Banderas ha esquivado la alfombra improvisada: «No hay entrevista, hoy trabajo de brazo». Ha cruzado la calle con el paso ya sobre el hombro, sudando la túnica, y solo ha dicho: «Esto no es Hollywood, esto es Málaga». En la cofradía no cobran ni un euro por su presencia; el dinero de la restauración del paso sale de rifas, bingos y ventas de empanadillas los domingos.
La procesión ha terminado a las 15:40 con la Virgen ya dentro del templo y el actor sentado en los mismos escalones del colegio donde cursó EGB. Un vecino le ha traído una cerveza y ha brindado con él. «Mañana se va a Nueva York, pero hoy se queda aquí», cuenta la mujer que regenta la papelería de toda la vida. La Semana Santa de Málaga tiene fama de turística, pero en el Perchel sigue siendo un asunto de familia. Banderas se ha sacado el sayal, se lo ha dado a su hermano y ha desaparecido entre el gentío sin guardia de seguridad. El barrio se queda con su historia y con la certeza de que, mientras siga saliendo la Virgen de Lágrimas, él volverá a cargar.