Arequipa se viste de lluvia: 72% de probabilidad esta noche y el termómetro no pasará de 21°c

La ciudad blanca amaneció teñida de gris. Nubes bajas se agarran a la faldilla del Misti y el aire huele a tierra mojada antes de que caiga la primera gota. El Senamhi enciende el alerta: 63% de probabilidad de lluvia durante el día y 72% cuando caiga la noche. El reloj corre y la gente aún duda en sacar el paraguas.

La razón es esa bruma que se ha colado por los barrios de Yanahuara y Cayma: 82% de nubosidad que trepará al 100% después del atardecer. Basta mirar hacia el sur para ver el cielo plomizo cargado de agua. El termómetro se resignará a oscilar entre los 11°C de mínima y 21°C de máxima, lo que en la altura de arequipa se siente como un susurro frío en los huesos.

Por qué esta lluvia no es cualquier lluvia en la ciudad desértica

arequipa parece trampa para meteorólogos. A 2 325 metros sobre el nivel del mar, su clima árido se burla de los mapas. Febrero –el mes más húmedo– apenas deja 40 mm de agua. Pero cuando la nube costera se tropieza con la corriente de Humboldt y el viento andino empuja la humedad desde la selva, la ciudad se llena de charcos instantáneos y calles relucen como espejos. Hoy es uno de esos días.

El viento avisa. Soplará a 33 km/h mientras el sol dé la cara y bajará a 13 km/h cuando desaparezca. Eso sí, el índice ultravioleta se mantendrá feroz en 10 puntos: la misma intensidad que asa a los turistas en agosto. Paradoja arequipeña: lluvia y quemadura de sol en la misma jornada.

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Más allá del asfalto arequipeño, la geografía se desmadra. Doce climas distintos conviven en un mismo territorio. Al suroeste, el desierto de La Joya recuerda Marte: cero humedad, cero nubes. Al noreste, en Chivay y Cabanaconde, la altitud supera los 3 800 metros y el clima pasa de semiseco a glaciar en cuestión de horas. Allí, los pastores duermen con el gorro puesto y despiertan con escarcha en las cejas.

Los volcanes Misti, Chachani y Pichu Pichu funcionan como gigantescos refrigeradores. Sus cumbres, por encima de los 5 000 metros, atrapan la humedad y la convierten en capas de hielo que alimentan ríos subterráneos. Sin ellos, arequipa sería un desierto absoluto. Con ellos, la lluvia de hoy es un regalo que dura lo que un suspiro.

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Mientras tanto, el Senamhi sigue contando climas como quien colecciona sellos: 38 tipos diferentes en un solo país. La culpa la tiene la Cordillera de los Andes, que atraviesa Perú como una espina dorsal de 7 000 kilómetros, y la corriente de Humboldt, que masajea la costa con agua fría. Resultado: la costa es desierto, la sierra es nevera y la selva es sauna. Arequipa lo resume todo en un solo departamento.

Así que cuando esta tarde caiga la primera gota, alguien en la Plaza de Armas alzará la vista y pensará que es un milagro. No lo es. Es la atmósfera recordándonos que incluso en el desierto puede llorar. La lluvia será breve, pero la huella del barro en los zapatos arequipeños durará hasta el atardecer.