Arévalo firma agenda con jolom na’h: ¿un nuevo capítulo para los q’eqchi’?

Chisec, Alta Verapaz – El presidente Bernardo Arévalo selló ayer una agenda territorial con el Gran Consejo Jolom Na’h, una promesa de cambio que, de cumplirse, podría reescribir la relación entre el Estado guatemalteco y el pueblo q’eqchi’. Más que un simple acuerdo, se trata de un intento de saldar una deuda de siglos, como lo reconoció el propio mandatario, en un acto cargado de simbolismo y expectativas.

Un compromiso en cinco ejes

La agenda, resultado de meses de diálogo en el Palacio Nacional, se articula en cinco ejes prioritarios: agricultura, economía comunitaria, educación, salud y, crucialmente, infraestructura. No se trata de promesas vacías, según lo evidenciado en la lectura pública, sino de acciones concretas como el fortalecimiento de la asistencia técnica agrícola, el fomento de la soberanía alimentaria e incluso la implementación de un seguro agrícola contra eventos climáticos, una necesidad apremiante en una región vulnerable a los caprichos del tiempo.

Pero la apuesta va más allá de lo meramente económico. El currículo local, enfocado en las prácticas y creencias del pueblo q’eqchi’, y el equipamiento tecnológico para los centros de educación diversificada, son señales de un compromiso con la revitalización cultural. La gobernadora de Alta Verapaz, Dilia Margarita Có Coy, no dudó en señalar que esta agenda representa una oportunidad para empezar a sanar las heridas del pasado, un pasado marcado por la exclusión y la marginación.

La Comisión Presidencial de Atención a la Conflictividad jugará un papel clave en la resolución de los conflictos de tierras, una espina clavada para las comunidades q’eqchi’. La formación de una mesa interinstitucional para coordinar proyectos de infraestructura, incluyendo el acceso a la energía eléctrica en zonas remotas como Raxruhá y Lanquín, también es un paso significativo.

¿Una promesa cumplida o un espejismo?

¿Una promesa cumplida o un espejismo?

El presidente Arévalo, consciente de la magnitud del desafío, no se anda con rodeos. “Estamos llegando quinientos años tarde”, admitió, pero insistió en la voluntad de su gobierno de sentar las bases para un cambio profundo. La cifra es escalofriante: quinientos años de racismo, un legado que no se transforma de la noche a la mañana. Sin embargo, la participación activa del Gran Consejo Jolom Na’h en la elaboración de la agenda, con reuniones mensuales en el Palacio Nacional, sugiere un enfoque más colaborativo y, por tanto, más prometedor.

Los líderes indígenas se muestran cautelosos pero esperanzados. Para ellos, esta agenda es una herramienta concreta para avanzar en sus derechos, pero también una prueba de fuego para el nuevo gobierno. La implementación requerirá una coordinación estrecha entre los distintos ministerios y secretarías, tanto a nivel central como territorial. La pregunta que se hacen en Chisec es si esta vez, las palabras se traducirán en hechos.

En definitiva, la firma de esta agenda territorial no es solo un acto protocolario, sino un mensaje de esperanza para el pueblo q’eqchi’ y una oportunidad para redefinir el futuro de Guatemala. Queda por ver si el nuevo gobierno logrará cumplir con las expectativas y transformar esta promesa en una realidad tangible para las comunidades indígenas.