Arévalo firma agenda con jolom na’h: ¿un nuevo capítulo para los q’eqchi’?
Chisec, Alta Verapaz, se convirtió ayer en escenario de un acto que, sobre el papel, anuncia una transformación. El presidente Bernardo arévalo firmó la agenda de desarrollo territorial para el Gran Consejo Jolom Na’h, un acuerdo que, según sus promesas, busca corregir siglos de exclusión para las comunidades q’eqchi’. Pero, ¿será suficiente con una firma para romper con un pasado marcado por la marginación?

Un compromiso en cinco ejes: ¿realidad o promesa?
La agenda, fruto de meses de diálogo en el Palacio Nacional, se articula en cinco ejes prioritarios: agricultura, economía comunitaria, educación, salud y, crucialmente, infraestructura. El gobierno se compromete a fortalecer la asistencia técnica agrícola, impulsar la soberanía alimentaria con un seguro agrícola contra eventos climáticos (un tema recurrente en la región), y fomentar el turismo comunitario, una vía de ingresos que, de concretarse, podría aliviar la precaria situación económica de muchas familias.
Pero la promesa de una transformación no está exenta de escepticismo. La gobernadora de Alta Verapaz, Dilia Margarita Có Coy, aunque elogió la intención del Ejecutivo, no ocultó la magnitud de la tarea: “Esta agenda muestra la intención de empezar a saldar una deuda histórica”, reconoció, una deuda que se mide en décadas de abandono y falta de oportunidades.
El currículo q’eqchi’ y la pertinencia cultural: un desafío pendiente
Uno de los puntos más destacados de la agenda es la implementación de un currículo local en las escuelas, que incorpore las prácticas y creencias del pueblo q’eqchi’. Una medida que, sobre el papel, busca fortalecer la identidad cultural, pero que en la práctica enfrenta el desafío de la falta de recursos y la resistencia de algunos sectores conservadores. Además, la agenda contempla el equipamiento tecnológico para los centros de educación diversificada, una necesidad urgente en una región donde el acceso a la información sigue siendo un privilegio.
En el ámbito de la salud, la agenda prioriza el fortalecimiento de los servicios con pertinencia cultural, un enfoque que reconoce la importancia de la medicina tradicional y el conocimiento ancestral. La vigilancia de la calidad del agua y la promoción de la medicina natural son otros aspectos relevantes, especialmente en una región donde las enfermedades transmitidas por el agua son una constante amenaza.
Infraestructura: ¿la promesa de la energía y el acceso?
La infraestructura es, quizás, el eje más ambicioso de la agenda. Se prevé la formación de una mesa interinstitucional que coordinará con el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructuras y Vivienda la planificación de proyectos prioritarios, como la ampliación de la red eléctrica en comunidades remotas como Raxruhá, Cobán, Carchá, Chiseq y Lanquín. El acceso a la energía es un derecho fundamental que, en muchas comunidades q’eqchi’, sigue siendo una quimera.
El presidente Arévalo, en un discurso cargado de simbolismo, reconoció la magnitud del desafío: “Tenemos quinientos años detrás de racismo que es difícil transformar en un solo período de gobierno de cuatro años. Pero estoy convencido que, si sabemos trabajar juntos, podremos sentar los cimientos para cambiar esa relación”. Una declaración que, más allá de la retórica, refleja la conciencia de la enorme brecha que aún separa a los pueblos originarios del resto del país.
La agenda de desarrollo territorial, que impactará directamente a los ocho municipios agrupados bajo el Gran Consejo Jolom Na’h, es, en definitiva, una oportunidad para construir un futuro más justo y equitativo. Pero su éxito dependerá de la voluntad política del gobierno, la participación activa de las comunidades y la capacidad de superar los obstáculos que, inevitablemente, surgirán en el camino.
Y mientras los líderes indígenas observan con cautela pero esperanza, la pregunta sigue resonando: ¿será esta agenda un mero acto de formalidades o el inicio de una verdadera transformación para el pueblo q’eqchi’?