Argentina logra su menor pobreza en siete años: el 28,2% ya no alcanza para el asado

Una bocanada de aire fresco recorrió ayer la Casa Rosada. El Indec acaba de confirmar que la pobreza urbana bajó al 28,2 % en el segundo semestre de 2025, la cifra más baja desde el primer lustro de 2018. El dato no es solo estadístico: significa que 1,5 millones de argentinos dejaron de contarse entre los que no llegan a fin de mes.

La indigencia también retrocede, pero el conurbano sigue en la mira

Mientras el presidente celebraba con un asado de campaña en La Matanza, el instituto de estadísticas completaba el cuadro: la indigencia bajó medio punto, al 6,3 %. Son 60 000 personas que dejaron de mendigar un plato de sopa. Poca cosa, dirán algunos, pero en la argentina de los planes sociales y la economía en coma cada décima es una victoria que se festeja con un fernet y un discurso.

Lo que nadie cuenta es cómo se fraguó este descenso. El truco no está solo en el ajuste tarifario ni en el cepo importado de alimentos. La clave se llama inflación desacelerada: los precios minoristas crecieron un 5 % mensual en promedio, la mitad del ritmo de 2024. Con sueldos que empiezan a respirar, las cuentas de los barrios populares cierran por primera vez en años sin tarjeta de crédito ni trueque.

El agujero que nadie menciona

El agujero que nadie menciona

Pero hay un detalle incómodo que la fotografía oficial omite: la brecha entre la Capital Federal y el resto del país. En CABA la pobreza ronda el 14 %. Salís 30 km y el número se duplica. El ministro de Economía lo sabe, por eso ayer prometió 300 000 planes de obra pública en los municipios más castigados. Promesa de campaña o apuesta de supervivencia, la historia dirá.

Lo cierto es que el 28,2 % no alcanza para el asado, pero sí para soñar con él. El próximo informe del Indec caerá en septiembre, justo antes de las PASO. Si la curva sigue bajando, el oficialismo tendrá su arma electoral. Si se estanca, la nebulosa de la incertidumbre volverá a cubrir la parrilla argentina.