Arranca el pago de jóvenes escribiendo el futuro: 5 800 pesos por bimestre desde el 13 de abril
El lunes 13 de abril miles de familias mexicanas revisarán con el alma en vilo su saldo en la app del Banco del Bienestar: el Gobierno federal pone en marcha la dispersión del bimestre marzo-abril de Jóvenes Escribiendo el Futuro, la beca que promete frenar la deserción universitaria con 5 800 pesos cada dos meses.
El calendario que nadie quiere olvidar
La Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez publicó la tabla que decide quién cobra y cuándo. La clave ya no es el nombre, sino la primera letra del apellido paterno registrado en la CURP. El reparto arranca con A y B el 13 de abril y concluye con la cola del alfabeto —T hasta Z— el viernes 24. Entre medias, cada día laborable activa un puñado de letras: C el martes 14, D-E-F el miércoles 15, y así hasta completar 8 diles de ventanilla bancaria.
La mecánica es la de siempre: la Tarjeta del Bienestar se convierte en llave única. Sin intermediarios, sin filas de papelería, sin burócrata que firme de testigo. El dinero llega a la cuenta y el estudiante lo puede retirar en cajeros, tiendas o farmacias asociadas. Pero hay un giro extra: este bimestre se entregan dos pagos en uno, lo que eleva el monto inmediato a 11 600 pesos para quienes estén al día. La Secretaría de Bienestar no lo grita, pero tampoco lo niega: es la forma de compensar el retraso acumulado en varios estados durante el cierre del año pasado.

La cifra que calla la crisis
El programa cubre a 532 000 jóvenes matriculados en universidades públicas catalogadas como “prioritarias”. Hacer la multiplicación da vértigo: cada bimestre se inyectan casi 3 100 millones de pesos al bolsillo de las familias de escasos recursos. En un año lectivo —10 meses, porque julio y agosto están fuera— la factura asciende a 29 000 millones, apenas 0,1 % del Presupuesto de Egresos. Pero para el hogar promedio representa el 38 % de sus ingresos mensuales, según los datos más recientes del CONEVAL.
La deserción en educación superior ronda el 14 %, según la ANUIES. El Gobierno asegura que con la beca se ha reducido cinco puntos. Los economistas del ITAM matizan: el efecto es real, pero selectivo. En zonas urbanas el dinero se va en transporte y renta; en comunidades rurales, en datos móviles para clases en línea y en alimentos. El dinero llega, sí, pero también llega la inflación: 5 800 pesos de 2019 equivalen hoy a 4 300 de poder adquisitivo real.

El lado oscuro de la alfa
La segmentación por CURP tiene un efecto colateral que nadie calculó: el día de los apellidos A-B colapsa la infraestructura bancaria en municipios pobres. En Chiapas, Guerrero y Oaxaca los cajeros del Banco del Bienestar se quedan sin efectivo antes del mediodía. La Secretaría rellena con camiones de seguridad, pero el retraso obliga a muchos a dormir en la plaza esperando la llegada del dinero. El martes 14 le tocará a C: Cortés, Cruz, Castillo. La pregunta no es si habrá billetes, sino cuánto durarán.
Julio León, titular de la CNBBBJ, promete que este año la logística es “blindada”. Se activaron 1 400 recargas diarias en 2 800 terminales. Aún así, la app del banco colapsó en el pago pasado: 1,2 millones de consultas en una hora. La solución técnica fue aumentar la capacidad de los servidores, pero la solución política sigue siendo la misma: paciencia y cola.
El futuro que se escribe con plata
Mientras tanto, los jóvenes siguen entre la espada y la pared. Estudiar cuesta, no estudiar cuesta más. La beca no cubre el 100 % de la colegiatura en muchas universidades estatales, pero evita que el estudiante se vaya a jornadas completas de uberización o a emigrar sin papeles. El programa tiene fecha de caducidad política: termina en 2026 si no se prorroga. El próximo gobierno deberá decidir si mantiene el gasto o lo sustituye por otro mecanismo. La apuesta es alta: 532 000 historias personales dependen de que el depósito llegue a tiempo.
El lunes 13 de abril, a las 7:00 a.m., la app del Banco del Bienestar volverá a ser el termómetro de la confianza. Si el saldo aparece, la clase media baja respirará. Si no, la frustración se medirá en menciones en redes y en reportes de incidencias. La lección es clara: en México, la política social se mide en minutos, no en discursos. Y la letra A, ese día, será la más poderosa del alfabeto.