El arte y la maternidad: un vínculo creativo inesperado

¿Qué ocurre cuando la maternidad, con su exigencia implacable, aparentemente sofoca la creatividad? La artista alemana Käthe Kollwitz lo expresó con una imagen sorprendente: “Trabajo como una vaca pasta”. No alude a una placidez bucólica, sino a la sensación de agotamiento y pérdida de urgencia que experimentó tras el nido vacío. Una reflexión que resuena con fuerza en la exposición 'Madre', ahora abierta en la National Gallery of Victoria, y que me hace preguntarme si la maternidad, en su complejidad, no alberga una forma intrínseca de fertilidad creativa.

La virgen, el trabajo y la invisibilidad

La virgen, el trabajo y la invisibilidad

La muestra, concebida por Sophie Gerhard y Katharina Prugger, dos curadoras con la experiencia directa de la maternidad – Prugger, incluso, está embarazada – inicia su recorrido con la figura omnipresente de la Virgen María, el arquetipo de la maternidad occidental. Una imagen intocable, casi inalcanzable, frente a la cual muchas mujeres se miden, y inevitablemente se sienten inferiores. Pero, ¿conocemos realmente la experiencia vital de María? ¿Qué hubiera cambiado en la cultura occidental si la hubiéramos percibido como una mujer real, con sus dudas, sus frustraciones, sus noches sin dormir?

Gerhard y Prugger bien logran yuxtaponer esta idealización con la crudeza de la maternidad real. Frente a la Madonna, cuelgan tres faldas tejidas por Elizabeth Djutarra, utilizadas durante el parto para proteger a la madre y al niño, un testimonio silencioso de la sangre, el sudor y la visceralidad del nacimiento. En otro punto, la obra de Rosselli, 'Madre e Hijo con Tre Angeli', muestra a ambos personajes difuminados, casi desvanecidos, un eco visual de la invisibilidad que a menudo sufren las madres.

La ausencia, la repetición y la transmisión generacional son los hilos que tejen esta exposición. La mirada de Queen Victoria sobre su hija Victoria, donde la figura de la niñera se diluye en la sombra, es un ejemplo paradigmático de esta invisibilización. Las fotografías de época, con sus largas exposiciones, revelan a madres camufladas en el fondo, sosteniendo a sus bebés con una paciencia infinita.

Pero, ¿es la repetición, inherente a la maternidad, un freno a la creatividad? 'Madre' responde con un rotundo no. Kate Just, con su 'Armour of Hope' —una armadura tejida en metal y seda para su hijo adoptivo—, demuestra cómo la repetición, meticulosa y laboriosa, puede convertirse en una declaración de amor y protección. Kyra Mancktelow rescata la historia de su madre a través de textiles tradicionales, mientras que Guruwuy Murrinyina reinterpreta la técnica de su madre, Malaluba Gumana, en miles de pequeños gestos lineales. Cada puntada, cada repetición, se acumula, construyendo una historia, una identidad, un ser humano.

Patricia Piccinini, con su deslumbrante 'Nest', nos recuerda la alegría, la fusión, la extraña belleza que también reside en la maternidad. Y Tala Madani, con su humor ácido, nos muestra a una madre amamantando a su hijo mientras lo mira con una mezcla de ternura y exasperación. El espectro emocional es amplio, complejo, profundamente humano.

La exposición culmina con una sección dedicada a la partida, a la pérdida, a la inevitable separación. Cuando mi hija, ya adulta, regresa a mi cama en momentos de enfermedad o cansancio, siento una mezcla de nostalgia y aceptación. El vínculo ha cambiado, se ha transformado en algo menos natural, un poco más torpe, pero igualmente valioso. La maternidad, en su ciclo infinito de agotamiento y renovación, de repetición y acumulación, de entrega y desprendimiento, es, en última instancia, un acto creativo.

La curaduría de Gerhard y Prugger no busca respuestas fáciles, sino que nos invita a reflexionar sobre la maternidad como un proceso complejo, multifacético y profundamente arraigado en la experiencia humana. 'Madre' es un espejo en el que muchas mujeres se reconocerán, y una invitación a visibilizar el trabajo, el sacrificio y la belleza de la maternidad, un trabajo que, como bien entendía Kollwitz, puede sentirse como el pastoreo lento y constante de una vaca, pero que, en su sencillez, esconde una fuerza creativa inagotable.