Asesinan al empresario frutícola rafael 'n' en la autopista culiacán-mazatlán

Rafael «N» salió el viernes temprano de la Central de Abastos de Mazatlán y nunca regresó. Su camioneta quedó vacía entre cajas de mango ataulfo y el rumor de que «algo le pasó» recorrió las bodegas antes de mediodía. Tres días después, su cuerpo apareció a 70 km de ahí, tirado entre la maleza del ejido El Venadillo, con la camisa de cuadros ensangrentada y las manos atadas con precinto gris.

El venadillo: la zona que ya avisaba lo que iba a pasar

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La autopista 15D parece una cicatriz que no termina de cerrar. En los últimos meses, los camioneros han denunciado al menos cuatro emboscadas en ese mismo tramo: robos de carga, cobros de piso, balas que silban contra la carrocería. Rafael no era transportista; era productor, dueño de un empaque que envía berries a Arizona. Pero el modus operandi es el mismo: interceptan, se llevan al «objetivo» y después, cuando ya no sirve, lo regresan como advertencia.

El mensaje es claro para los empresarios del sur de Sinaloa: nadie está blindado. La Cámara Nacional de la Industria de Transformación rompió el silencio habitual con un comunicado seco: «Exigimos condiciones para producir sin pagar con vida». La frase suena a epitafio colectivo. En los grupos de WhatsApp de comerciantes, la indignación dura lo que tarda en llegar la siguiente notificación: «Cerramos a las 5 pm, no tenemos escolta».

La fiscalía abrió la carpeta 789/24 y promete «líneas de investigación». Es la misma promesa que hizo cuando desapareció el hijo del dueño de la papelería, cuando quemaron los camiones de la cervecería artesanal, cuando encontraron al ingeniero agrónomo con tres tiros en la nuca. El Venadillo sigue siendo un punto caliente sin dueño, un kilómetro 172 donde la geografía se vuelve cronología de la impunidad.

Mientras tanto, en la central de abasto, los operarios revisan dos veces el retrovisor antes de encender la troca. La bolsa de plástico con hierba fresca —el símbolo de que «aquí se vende»— ondea menos: la mitad de los puestos cerraron temprano. La cosecha de mango ataulfo está a punto de entrar en su punto álgido y, por primera vez en diez años, hay quienes prefieren dejar la fruta en el árbol a arriesgar otro viaje a Culiacán.

El cuerpo de Rafael ya fue entregado a la familia. La fleteadora que contrataba para enviar berries a Phoenix canceló el contrato de la semana. Y en la autopista, los kilómetros se cuentan por cicatrices, no por carretera. El Venadillo sigue ahí, esperando el próximo nombre que completará la lista.