Asunción se derrite: 36 °c y solo un 4 % de esperanza de lluvia

La capital paraguaya despierta este 31 de marzo como un termómetro andante: 36 °C anunciados, aire que pega en la cara y un 4 % de probabilidad de lluvia que suena a burla. El sol no sale, azota. La gente ya no pregunta si hará calor; negocia cuánto durará el asfalto antes de convertirse en espejo.

El 4 % que no alcanza ni para ilusionarse

Mientras las apps meteorológicas exhiben su porcentaje diminuto, los vendedores de sombrillas ambulantes en Mariscal López se ríen: «Ese número es un chiste de mal gusto». La nubosidad apenas rozará el 9 % y la brisa nocturna, cuando baje a 23 °C, traerá consigo solo un 7 % extra de posibilidad de gotas. La ciudad respira asfalto y espera un alivio que no llega.

El fenómeno no es nuevo. asunción arrastra un clima subtropical que se volvió temperamental: el récord de 42,8 °C del 1 de octubre de 2020 sobrevuela las conversaciones como amenaza fantasma. El efecto isla calor —esa manta de aire caliente que el hormigón devuelve al cielo— convierte cada verano en un ejercicio de resistencia urbana. El vecino brasileño empuja su viento seco y la Termopuerto duplicó su demanda de energía en la última semana. La ciudad se sostiene a base de aire acondicionado y facturas de luz que arden más que el sol.

El invierno que también es traición

El invierno que también es traición

Pero la memoria colectiva guarda la otra cara de la moneda: el 27 de junio de 2011 el mercurio cayó hasta -1,2 °C y los limoneros del barrio Herrera se despertaron blancos. Esa irregularidad es la marca registrada del clima paraguayo: un día estás en short, al siguiente buscando bufanda. La estación no se anuncia; aparece.

La primavera y el otoño son los verdaderos traidores: saltan 15 °C en un par de horas y vuelan toldos por los aires. Los climatólogos locales hablan de «frontalidades express» que atraviesan el país en menos de lo que tarda un colectivo en recorrer Aviadores del Chaco. La gente ya no guarda la roba de invierno; la deja a la vista, por si acaso.

Paraguay entero se juega la última carta verde

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Mientras tanto, el territorio nacional pierde 90 % de su cobertura boscosa original y la erosión se come el Chaco a velocidad de desbrozadora. La Cámara de Diputados echó para atrás el proyecto de Deforestación Cero en 2009 y desde entonces cada hectárea talada es un grado más de calor que vuelve a la atmósfera. El récord nacional de 45 °C en 2009 no fue casual: fue la factura que el país empezó a pagar con creces.

asunción, entonces, no solo soporta el calor de hoy; amortiza la deuda de ayer. El 4 % de lluvia es un guiño irónico: bastante para recordarnos que podría llover, insuficiente para apagar el fuego que nosotros mismos encendimos. La ciudad sigue en pie, sudando, mientras el cielo guarda sus nubes para otro momento que nadie sabe cuándo llegará.