Avianca deja en tierra a yeferson cossio tras broma tóxica a 11 000 m de altura
Un olor químico recorrió la cabina del AV46 cuando el Airbus sobrevolaba el Atlántico. En ese instante, a 11 000 metros, la tripulación no podía avisar a los pasajeros que el más cercano aeropuerto quedaba a tres horas. Lo que hicieron fue confiscarle el artefacto al influencer que lo acababa de activar, anotar el incidente y, apenas tocaron Madrid, cancelarle el pasaje de regreso. Yeferson Cossio, 12 millones de seguidores en Instagram, se quedó sin vuelo y con una denuncia penal en elaboración.
La empresa no mencionó su nombre en el parte, pero bastó un repaso al feed del creador para encontrar la secuencia: él mismo filma el bote de humo de broma, la cara de la pasajera alemana que se tapa la nariz, la risa de sus acompañantes. El video nunca se publicó; Avianca lo adelantó todo con un comunicado tajante el 29 de marzo. En él invocan las cláusulas 8.6 a), d) y h) del contrato de transporte: seguridad, orden y disciplina. La triada que toda aerolínea guarda como tabla de salvación, sobre todo cuando el ducto de aire recirculado convierte un prank en riesgo colectivo.
El momento en que el círculo de oxígeno se volvió amenaza
Los sistemas de presurización de un A330 recirculan hasta el 50 % del aire. Introducir un compuesto volátil —la marca del artefacto es “Party Smoke”, se consigue en Amazon por 25 dólares— eleva la concentración de partículas en segundos. La tripulación activó el protocolo de falso incendio: mascarillas de oxígeno listas, extintor a mano, revisión de filtros HEPA. Nada de eso aparece en el reel que Cossio pensaba subir, pero sí consta en el reporte interno que la compañía ya envió a la Aeronáutica Civil.
El vuelo no desvió, pero la decisión de cancelar el regreso se tomó antes de aterrizar. “No hay segunda oportunidad cuando se juega con la vida de 287 personas”, dijo una fuente de Avianca que pidió anonimato. La aerolínea prepara una demanda por daño reputacional y pérdida operativa: cada minuto de retraso en Madrid cuesta 4 800 dólares; cada pasajero que se niega a volar con la marca tras un incidente, 600 dólares de valor de vida del cliente.

De viral a judicial: el negocio que se topa con la ley 153
La reacción fue tan rápida que el Congreso colombiano recibió el mismo día un oficio de Avianca pidiendo acelerar la Ley 153 de 2025. El proyecto ya preveía listas negras compartidas, multas hasta de 300 salarios mínimos y cárcel de 4 a 8 años por alterar la seguridad aérea. Ahora sumará un artículo específico: uso de sustancias o artefactos que generen olores, humos o aerosoles no autorizados. El ponente, senador Humberto Castellanos, admitió que el caso Cossio “les dio velocidad parlamentaria que ni 30 debates lograban”.
El influencer, entretanto, se limitó a una historia de Instagram: un avión despegando y el texto “Nos vemos pronto”. La ironía es que su último post pagado —un desodorante de ambientes— acumula 1,2 millones de vistas. La marca ya evalúa suspender el contrato; la cláusula de exclusividad le impide hablar por ahora. Entre lo que podría ganar con ese contenido y lo que le cuesta un nuevo boleto Madrid-Bogotá en temporada alta hay 5 000 dólares de diferencia. La multa, si la ley se aprueba, sería 70 veces mayor.
La moraleja no entra en 15 segundos: cuando el algoritmo te pide riesgo, la cabina presurizada no entiende de likes. Avianca lo entendió y, de paso, le dio al Congreso la excusa perfecta para convertir una broma de 25 dólares en la norma que nadie volverá a ignorar. Cossio seguirá volando, pero ya no con esa aerolínea ni, probablemente, sin revisar antes la letra pequeña del contrato que firmó con un clic al comprar su pasaje. Al final, el olor a químico se disipó en minutos; el olor a escándalo, ese cuesta años en despegar.
