Balcázar aplaza el voto de confianza hasta después del 12 de abril y congela la pulseada política
José María Balcázar salió ayer de la Municipalidad de Chiclayo, respiró el polvo del norte y soltó la frase que todo Lima esperaba: el pedido de confianza a su gabinete se hará después de las elecciones del 12 de abril. Con esas cuatro palillas —«después de elecciones»— aplazó la crisis, desactivó la artillería del Congreso y le regaló a su equipo 24 días de oxígeno en medio de una campaña que ya huele a pólvora.
El timing es todo: por qué balcázar prefiere jugar fuera de la capital
Mientras en Lima los analistas trazan escenarios de destitución, el presidente se subió a una camioneta oficial y revisó calles rotas de Chiclayo que serán la alfombra del papa León XIV. La foto no es casual: reparar alcantarillas frente a las cámaras cuesta menos votos que enfrentar 130 curules en pleno. La visita papal, prevista para junio, se convirtió en coartada perfecta para justificar millones de soles en asfalto, alumbrado y pintura que, de paso, endulzan el ánimo del electorado norteño.
En la sala de juntas, la alcaldesa Janet Cubas le entregó una carpeta de proyectos detenidos: 72 millones de soles en alcantarillado, 48 en mercados y 35 en redes de agua. Balcázar prometió crédito suplementario y le dio la palabra a su premier, Luis Arroyo Sánchez, quien ya prepara un paquete para desbloquear obras paralizadas en ocho regiones. La jugada es clara: si el Congreso lo frena, será él quien pare los bulldozers; si lo aprueba, el mérito será del Ejecutivo.

Congreso con aforo de domingo: la ausencia que también es mensaje
Mientras el presidente recorría mercados, en Lima el Pleno arrancó con 62 congresistas sobre 130. La mitad vacía es la fotografía del desinterés: nadie quiere debatir sin saber si el gabinete que va a juzgar seguirá vivo tras el 12 de abril. La oposición guarda munición, la oficialista respira y los independientes calculan: si la lista de ministros se posterga, también se posterga la foto que pueden usar en la campaña.
La Constitución da hasta 30 días para pedir la confianza; Balcázar se tomará casi la totalidad. El truco legal es válido, pero expone la debilidad: un gobierno que no puede garantizar 66 votos prefiere no someterse al examen. El mensaje para el país es brutal: la gobernabilidad queda en suspenso hasta que el elector dé su veredicto.
En la salida de Chiclayo, un periodista le espetó si no temía una vacancia tras las elecciones. Balcázar sonrió, se acomodó la mascarilla y subió al avión sin responder. La respuesta llegará el 13 de abril, cuando los números del nuevo Congreso dibujen otro tablero. Mientras tanto, el norte tendrá sus calles nuevas, el papa tendrá su alfombra y el presidente, 24 días de respiro que pueden convertirse en una trampa si la oposición decide que ya no hay excusas.
