Baleares absorbe el 22% de las llegadas marítimas y los cayucos vuelven a sangrar
La salvamar Macondo acaba de sacar del agua otro cayuco reventado. A bordo, más de veinte cuerpos apretujados, olor a gasoil y alivio mezclado con pánico. Es la postal que se repite cada amanecer frente a Formentera: el Mediterráneo entrega supervivientes, pero también devuelve cadáveres.
La travesía argelina se ha vuelto un negocio de alta densidad
El Observatorio de las Migraciones en el Mediterráneo ha contado 390 embarcaciones y 7.146 almas que tocaron tierra en 2025. La cifra oficial del Ministerio del Interior es algo menor, pero ambas coinciden en un dato incómodo: Baleares ya capta casi una de cada cuatro llegadas irregulares del Estado. La razón es simple: Argelia está a 180 kilómetros y la vía legal no existe.
Los cayucos se diseñaron para quince personas; cuando transportan a subsaharianos viajan 23,2. Si hay asiáticos también a bordo, la media se dispara hasta 25,3. Más cuerpos significa más peso, menos estabilidad y menos oxígeno. El informe advierte que la sobrecarga convierte cada ola en una sentencia.

Los menores llegan solos y las mujeres pagan el doble
El año pasado desembarcaron 614 niños; 497 lo hicieron sin adulto. Las mujeres, 637, duplican la cifra de 2023. Tres de ellas, menores, declararon haber sido violadas durante la travesía. El Omimed sospecha que la cifra real es mayor: cuando una mujer ocupa el 10% de la tripulación, la violencia sexual deja de ser riesgo y se vuelve método de control.
La Delegación del Gobierno ha recuperado 63 cadáveres en aguas o playas baleares. La ONG Caminando Fronteras eleva la cifra a 1.037. La OIM habla de 250. Ninguna fuente logra contar los invisibles: aquellos que se hunden en noches de levante sin testigos, sin rastro, sin nombre.

El mediterráneo duplica su tasa de muerte en solo dos meses
Entre enero y febrero de 2026 ya van 655 muertos o desaparecidos, más del doble que en el mismo periodo de 2025. La paradoja es brutal: menos barcos zarpan, pero más naufragios se vuelven fantasma. Las tormentas de febrero engullen cayucos que nunca emitieron SOS. No hay récord que firmar, solo familias que esperan una llamada que no llegará.
Mientras, la Macondo vuelve al puerto. Los supervivientes bajan vendados, deshidratados, agradecidos. El Mediterráneo, impasible, ya prepara la siguiente carga de sueños y de cadáveres.