Banderas arrastra a la semana santa hacia el siglo xxi: 320 millones y una cruzada social
Antonio banderas no quiere que nadie se quede en el terciopelo. En la presentación del estudio de impacto económico de la Semana Santa de Málaga 2025, el actor ha convertido la cifra de 320,52 millones de euros en un altavoz para exigir que las procesiones miren más allá de los bordados: quiere que la ciudadanía vea la cruz solidaria que su fundación Lágrimas y Favores lleva años izando en silencio.
La cifra que habla por sí sola: -19,8 % de descenso
El descenso del 19,8 % respecto a 2023 no es un simple guiño estadístico: es el eco de un «boom» turístico pospandémico que ya se disipó y de unas previsiones meteorológicas que, en palabras de Benjamín del Alcázar, director de la Cátedra de Estudios Cofrades de la UMA, «eran muy negativas» en los días previos. El resultado: 2.975 empleos generados, una marea de visitantes que gasta 372,50 € de media si vienen de fuera y apenas 53,08 € si son de la provincia, y una valoración de 8,4 puntos entre residentes que, paradójicamente, apenas sube al 8,3 entre foráneos.
Madrid apenas representa un 5 % del turismo nacional. La avería del tren no duele; la auténtica herida es la falta de miras largas. banderas lo ha dicho con la calma de quien ha vivido el éxodo desde Londres: «La persistencia es uno de nuestros mayores valores». La fundación que preside ha alimentado a 2.000 familias a través del economato de la Fundación Corinto, ha amortiguado el dolor terminal con Cudeca y, cuando el virus copó los hospitales, compró material sin esperar a que las instituciones dibujaran un plan.

El futuro se escribe en la uma y en la calle
La alianza con la Universidad de Málaga no es un photocall académico: es un laboratorio de empatía. Banderas se encontró en Londres con exalumnos que habían cruzado el Atlántico gracias a sus becas y volvían con la mirada brillante de quien sabe que el conocimiento también se puede procesionar. «Nos agarraron de la mano desde el principio», ha recordado, como si hablara de una cofradía invisible que desfila sin capirotes pero con libros de texto bajo el brazo.
La Semana Santa, según el estudio, aún arrastra colas de accesibilidad y recorridos oficiales que se enredan como cordones de esparto. Los visitantes aplauden la seguridad y la hostelería, pero critican la señalización caótica y la ausencia de rutas para sillas de ruedas. Mientras, Italia y Portugal comienzan a despuntar entre los mercados internacionales y Reino Unido, Francia y Alemania resisten como tronos de plata que ya no se conforman con mirar los pasos desde la barandilla.
El mensaje es claro: la celebración ya no puede vivir de la nostalgia del terciopelo. Banderas ha lanzado el guante: la Semana Santa del futuro será solidaria o no será. Y Málaga, con 320 millones en juego, tiene dos opciones: seguir mirando el suelo de la alfombra o alzar la vista hacia la cruz que ya no cuelga del cuello, sino del bolsillo de quien paga la entrada y decide si, además de contemplar, quiere comprometerse.
