Barça-atlético se blinda: interior declara alto riesgo el 8 de abril
El clásico de Champions entre Barcelona y atlético de Madrid ya huele a pólvora antes de que el balón ruede. El Ministerio del Interior ha activado este lunes el protocolo de alto riesgo para la ida de cuartos en el Camp Nou, un sello que convierte el 8 de abril en una operación de seguridad sin margen para la improvisación.

La grada, bajo lupa: no habrá taquilla el día del partido
La medida, confirmada por la Comisión Antiviolencia, obliga a ambos clubes a cerrar la venta de entradas en taquilla el mismo día del encuentro. La decisión busca cortar de raíz la entrada de ultras sin abono que suelen activarse a última hora, pero también deja fuera al aficionado ocasional que confía en comprar su entrada sobre la marcha. El mensaje es claro: planifícate o quédate en casa.
El operativo desplegará un cordón sanitario alrededor del estadio, con controles de identidad reforzados y filtros antidisturbios en las principales arterias que convergen en la zona del Camp Nou. La policía catalana ya trabaja en un mapa de hinchadas que prevé la llegada de 1.200 colchoneros con entrada, un número que puede multiplicarse si se confirman los grupos radicales que suelen viajar sin billete y buscan el enfrentamiento.
La grada visitante estará acordonada por un perímetro móvil de agentes antidisturbios, una medida que ya se probó en el clásico liguero del pasado febrero y que redujo los incidentes a simples forcejeos. Pero la diferencia ahora es la trascendencia europea: una eliminatoria que puede dejar al Barça fuera de la Champions si el Atlético logra repetir la hazaña de Lisboa 2016.
El dispositivo no es solo cosa de policía. El club azulgrana deberá reforzar la videovigilancia interna, aumentar el número de hostess de seguridad y habilitar puntos de atención rápida para echar a los primeros que entonen cánticos xenófobos o amenazantes. LaLiga ya avisó: el próximo parte disciplinario puede acabar en cerramiento parcial del estadio, un castigo que el Barça no puede asumir en plena pelea por ser anfitrión de la final del 2029.
La noticia cae como un jarro de agua fría en la esfera social del club, que había apostado por un ambiente festivo para despedir el ciclo europeo en el Camp Nou antes de la mudanza al Estadi Olímpic. Ahora, la música queda en suspenso y la afición tendrá que elegir entre vivir el partido con miedo o quedarse en el sofá. La Champions, esa vieja gladiadora, exige sangre y seguridad a partes iguales.
