Barcelona apaga el fuego en su puerto: 20 camiones calcinados y una nube que lo cubrió todo
Las sirenas dejaron de aullar a las 16:00. Después de tres horas de humo denso que se tragó el cielo del Muelle de Poniente, el incendio que devoró veinte semirremolques en el Puerto de barcelona quedó controlado. Nadie resultó herido. Ningún producto tóxico ardió. Solo mercancías comunes, convertidas en ceniza junto al Puente de Europa.
El fuego que paralizó la entrada marítima de la ciudad
Llamaron a las 13:17. Para entonces, las llamas ya escupían desde tres contenedores. La respuesta fue inmediata: tres tanques, tres autobombas, una autoescalera, una ambulancia preventiva, dos vehículos de apoyo y dos de mando. Desde el agua, un barco de los Bombers de barcelona apuntaló el ataque. El objetivo era claro: que el fuego no saltara a la terminal de contenedores ni a los tanques de combustible cercanos.
La humareda fue tal que obligó a cerrar la circulación en la zona. La infraestructura portuaria, segunda en volumen de mercancías del país, se detuvo. Media ciudad miraba hacia el mar, preguntándose si aquella nube negra era otra crisis química. No lo era. Pero la imagen quedó: un mar de camiones calcinados junto a la entrada de la ciudad.

El muelle que aún huele a quemado
Ahora, el tráfico fluye de nuevo. Los grúas han vuelto a mover contenedores. Solo el Muelle de Poniente permanece acordonado. Los bomberos aún remojan los esqueletos de los semirremolques. El metal retorcido brilla bajo el agua. El olor a plástico y caucho quemado se niega a abandonar la zona.
El origen del incendio sigue siendo un misterio. Las investigaciones internas del puerto y de los servicios de emergencia apenas han comenzado. Lo que sí saben es que, en plena hora punta del mediodía dominical, un solo punto de ignición bastó para desencadenar una reacción en cadena que dejó veinte unidades fuera de servicio.
Para los transportistas, la pérdida es directa: mercancías que no llegarán a destino, camiones que tardarán meses en reponerse. Para la ciudad, es un recordatorio de cuán frágil es la cadena logística que abastece a millones. El Puerto de barcelona maneja cada año más de 3,5 millones de contenedores. Este domingo, veinte de ellos se convirtieron en humo negro.
