Bessent aprieta el acelerador: ee.uu. quiere ormuz de vuelta
El Estrecho de Ormuz vuelve a ser la moneda de cambio. Scott Bessent, secretario del Tesoro, ha dicho en Fox News lo que nadie se atrevía a pronunciar: Estados Unidos recuperará el control del pasillo marítimo más rentable del planeta. La frase suena a anuncio de campaña, pero detrás hay 10-12 millones de barriles diarios que faltan en el mercado.
El mercado aguanta la respiración
La Administración Trump inyecta 4 millones de barriles al día desde las reservas estratégicas, una gota en el vaso de los 400 millones que la AIE ha prometido liberar. Bessent lo vende como estabilidad; los traders ven un parche sobre una herida que sangra desde el cierre de Ormuz. El barril de Brent ya cotiza con prima de riesgo y los hedge funds acumulan posiciones largas como si el verano fuera sin fin.
La jugada tiene dos lecturas. La primera: Washington quiere apagar el fuego energético antes de que las gasoline stations estadounidenses repitan colas de 2022. La segunda: el levantamiento temporal de sanciones al crudo iraní y ruso —ya cargado en buques— no implica ni un dólar extra para Teherán ni Moscú. El Tesoro retiene los pagos en cuentas escrutadas y los buques transitan con bandera de países terceros. La mercancía llega, pero la caja permanece bloqueada.

Los hutíes, el comodín olvidado
Bessent resta brío a los ataques yemeníes. «Van contra Israel», sentencia, como si el Red Sea no fuera la puerta trasera de Ormuz. La coalición que bombardea Yemen lleva meses sin conseguir silenciar los drones hutíes; cada impacto encarece el seguro marítimo y obliga a desviar cargamentos por Cabo de Buena Esperanza, 15 días y 1,5 millones de dólares extra por buque. El secretario habla de «calma relativa»; los armadores registran 72 ataques desde enero.
La promesa de devolver la libertad de navegación «a través de Estados Unidos» huele a operación militar sin fecha. Mientras tanto, China firna contratos a largo plazo con Irán, la India acelera el puerto de Chabahar y Rusia vende crudo a precio de ganga a Nueva Delhi. El control de Ormuz ya no es solo un asunto de seguridad; es la llave de quién marca el precio del petróleo en la próxima década.
La partida está servida. Si EE.UU. logra desplegar fuerzas y desactivar los drones hutíes, el barril podría derrapar hacia los 60 dólares. Si fracasa, la escala es los 120. El reloj corre con cada tanque que atraviesa el estrecho: 21 millones de barriles diarios que deciden si la inflación regresa o si la recuperación económica aguanta el tipo. Y nadie, ni Bessent, garantiza que el próximo buque pase indemne.
