Bezzecchi arrasa en la pista y se agarra al equipo: así salvó la racha de oro tras el golpe de ayer

Marco bezzecchi salió del asfalto de Qatar con el alerón roto y la moral por los suelos. Veinticuatro horas después cruzó la meta con el puño en alto y cuatro victorias consecutivas en el bolsillo. “No me lo esperaba; después de ayer no era fácil mantener la concentración”, confesó el italiano de Aprilia RS-GP mientras el equipo aún oliéndose a gasolina celebraba en el muro.

El error que casi lo hunde y el abrazo que lo levantó

El sábado bezzecchi se cargó la moto contra el muro de boxes. “Un descuido de dos centímetros, consecuencia de varios puntos de velocidad”, graficó un mecánico. El piloto pasó la noche en el taller hasta las 3:42 revisando telemetrías y pidiendo disculpas a cada tuerca. “Estaba bastante triste”, resume él sin aditivos. Lo que nadie cuenta es que el jefe de equipo, Francesco Calcagni, le puso una silla al lado de la moto para que cenara con los mecánicos: “Si la arreglamos, la ganamos”, le dijo. La cifra habla por sí sola: 17 vueltas cronometradas el domingo, la más rápida a 1:53.802, tres décimas por delante del segundo clasificador.

La carrera empezó con susto. En la curva 4 un vendaval lateral empujó a Pedro Acosta fuera de la trazada; bezzecchi, que venía embalado, rozó la rueda trasera del español y perdió el alerón derecho. “Cuando coloqué la cabeza en el carenado ya era tarde”, describe. Ambos se salvaron por milímetros. “Espero no haberle roto nada”, dice entre risas nerviosas. Lo cierto es que el golpe le dejó la moto desequilibrada, pero también le quitó la presión: ya no tenía nada que perder.

La racha que asusta al paddock

La racha que asusta al paddock

Cuatro grandes premios, cuatro banderas a cuadros con el número 72 delante. La última vez que alguien encadenó ese dominio en MotoGP fue Marc Márquez en 2019. bezzecchi, sin embargo, se niega a mirar las estadísticas: “Son solo números; lo único que me interesa es seguir oliendo a gasolina cada mañana”. El ingeniero jefe confiesa que han introducido un nuevo mapa de motor que entrega 300 rpm extra en la salida de curva lenta: “Marco lo activa con dos clicks en el manillar, como quien cambia de canción”.

La clave no está en la electrónica, sino en la cabeza. Después del podio, Bezzecchi bajó corriendo las escaleras del circuito para abrazar a sus padres, que llevan desde Bérgamo 6 400 km en furgoneta para verlo. “Me dijo: ‘No necesitas ser perfecto, solo fiel a tu estilo’”, cuenta. La frase se la grabaron en una cinta adhesiva que lleva dentro del casco desde el primer entrenamiento de pretemporada.

El campeonato ahora le mira con lupa. El próximo domismo en Jerez será su primera vez como favorito en territorio español, donde las gradas vitorean a sus ídolos y silban al extranjero que les gana. Bezzecchi se ríe: “Prefiero que piteen; significa que estoy delante”. Mientras tanto, en Noale ya preparan cuatro motos nuevas con chasis de carbono y el alerón reforzado que resistió ayer el impacto. La racha, avisan, no es suerte: es el resultado de llorar en el box y secarse las lágrimas para seguir dando vueltas. La quinta victoria, si llega, sabrá a sudor y a noches en vela. A eso, en MotoGP, le llaman destino.