Bidasoa aprieta el acelerador y deja a guadalajara sin oxígeno
El Irudek Bidasoa Irún pisó el parquet del David Santamaría, respiró hondo y devoró al Sanicentro BM Guadalajara con la frialdad de quien sabe que el reloj de la permanencia corre para los otros. 38-36. Dos goles de diferencia que saben a sentencia para el colista y a oxígeno puro para un equipo guipuzcoano que vuelve a creer en la Champions.
La resistencia morada dura un cuarto de hora
Los primeros cinco minutos fueron un espejismo. El 1-4 dibujaba una paliza temprana, pero Guadalajara apretó la mandíbula y empató al 5-5 con dos latigazos de Ahmed El Khouga y siete penaltis convertidos por un Fabio Chiuffa que terminó con diez tantos. La grada rugía, Jorge Blanco –sustituyendo al lesionado Nico García– sacó dos manos de quitao y, durante un breve trance, el balón olió a igualdad.
Paso atrás. Dariel García, ex del propio Guadalajara, clavó el 10-15 con un cañonazo que retumbó en la frontal. La renta parecía definitiva, pero los de Juan Carlos Requena volvieron a coser la herida y tuvieron balón para el 18-19. Un pase defectuoso, una contra fulminante y el 17-20 al descanso dejó a la parroquia local con el sabor de la oportunidad tirada al suelo.

El intercambio de golpes acaba en nocaut
La segunda mitad fue un tiroteo. Cada gol de Guadalajara encontró réplica inmediata en la contra de Bidasoa. Xavi González clavó la vaselina del 24-28 y Leo Maciel, recién salido, transformó la portería visitante en caja fuerte: cero goles encajados en ocho minutos, parcial 28-33. El Sanicentro se quedó sin munición y el marcador, pese al 35-37 final de Chiuffa, ya no admitía sorpresas.
Guadalajara suma su undécima derrota consecutiva y cada partido que pasa es un ladrillo más en el muro de la salvación. Bidasoa, en cambio, respira a dos puntos del segundo lugar y mira arriba. La liga Asobal deja de ser un paseo para los grandes y se convierte en un corredor donde los de Irún ya han marcado el ritmo.
