Boko haram falla la redada: 150 civiles escapan de la trampa mortal en borno
150 almas a punto de caer en la ruta del terror. El lunes, cuando el sol castigaba el noreste de Nigeria, un convoy de civiles avanzaba entre Buratai y Kamuya bajo la mira de Boko Haram y su escisión ISWAP. La artillería nigeriana interceptó la maniobra: disparos, explosión de un IED, cinco soldados tendidos en la arena. La cifra habla por sí sola: más de 150 personas —hombres, mujeres, niños— devueltas a sus familias antes de convertirse en moneda de canje.

La frontera invisible que desangra nigeria desde 2009
El noreste lleva quince años convertido en laboratorio de barbarie. Boko Haram sembró la semilla en 2009; ISWAP la irrigó con sangre desde 2016. Ambos buscan un califato en un país partido en mitades: musulmana al norte, cristiana al sur. El ataque de ayer forma parte de la rutina de un territorio donde la carretera es sinónimo de ruleta rusa.
Lo que nadie cuenta es que el Ejército nigeriano ya no espera dentro de cuarteles. Desde que Washington lanzó los drones contra posiciones yihadistas el pasado diciembre, los frentes se multiplican. El noroeste, antes marginal, ahora huele a pólvora: el grupo Lakurawa, filial del Estado Islámico-Provincia del Sahel, extiende el conflicto a Kebbi y Sokoto.
La operación de Buratai se salda con heridos, no con cuerpos sin nombre. Pero la victoria es pírrica: cada rescate exige más recursos, más vidas en juego. El lunes, cinco uniformados pagaron el precio de un IED casero. El martes, otros convoyes volverán a rodar. El ciclo se repite, y el mosaico de Nigeria suma otra baldosa rota.