Bolivia abre sus cielos a brasil tras años de proteccionismo aéreo
Bolivia está a punto de romper uno de los últimos candados del proteccionismo aéreo heredado de dos décadas de izquierda en el poder. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, viajó a Brasil esta semana para firmar un memorando de entendimiento que habilitaría la llamada quinta libertad del aire entre ambos países, un mecanismo que permitiría a aerolíneas extranjeras operar rutas con escalas y transportar pasajeros o carga en tramos que antes estaban vedados para cualquier compañía que no fuera boliviana.
Qué es exactamente la quinta libertad y por qué importa ahora
El concepto no es nuevo en la aviación comercial, pero en Bolivia sonaba casi a herejía. La quinta libertad permite a una aerolínea tomar pasajeros o carga entre dos países en rutas que originan o terminan en su país de origen. El ejemplo que puso el propio ministerio lo ilustra bien: una compañía brasileña podría volar desde São Paulo, hacer escala en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz, y continuar hacia La Paz cargando pasajeros tanto del tramo internacional como del nacional. Eso, hasta ahora, era imposible.
La razón de ese bloqueo tiene nombre y apellido. Los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce mantuvieron esta restricción durante casi veinte años con un objetivo explícito: proteger a Boliviana de aviación (BoA), la aerolínea estatal que desde 2007 domina las rutas nacionales sin competencia real. Una decisión que tuvo su lógica política en su momento, pero que encareció los vuelos, redujo la oferta y convirtió a Bolivia en uno de los mercados aéreos más cerrados de Sudamérica.

El gobierno de rodrigo paz apuesta por la apertura, pero con red
Lo que distingue este movimiento de una simple desregulación es que el gobierno de Rodrigo Paz no pretende dejar a BoA a la intemperie. Zamora fue claro: la aerolínea estatal será fortalecida para competir en el nuevo escenario. Cuánto de eso es retórica política y cuánto plan real es algo que los próximos meses dirán, pero la señal es que no se trata de privatizar ni de abandonar, sino de obligar a la empresa pública a espabilarse.
La apertura promete más vuelos, tarifas más competitivas y rutas más eficientes hacia Brasil, el gigante vecino con el que Bolivia comparte frontera y una relación comercial y turística que nunca ha alcanzado su potencial real. El turismo receptivo boliviano lleva años por debajo de sus posibilidades, en parte por la escasez de conexiones directas y los costos prohibitivos de los billetes.
Un memorando que puede cambiar la geografía aérea del país
La firma del memorando no es el punto de llegada, sino el de partida. Estos instrumentos sientan las bases legales y diplomáticas, pero la implementación efectiva depende de negociaciones posteriores, habilitaciones técnicas y, sobre todo, del interés real de las aerolíneas brasileñas en operar estas rutas. Que LATAM, Gol o Azul decidan apostar por Bolivia dependerá de los números, no de los comunicados ministeriales.
Lo que sí es concreto es el giro de timón. Bolivia lleva décadas mirando sus cielos como un territorio que hay que defender. El gobierno de Paz ha decidido que es hora de abrirlos, y ha elegido a Brasil como el primer socio con quien hacerlo. Si el modelo funciona, nada impide que el mecanismo se replique con otros países. El cielo boliviano, literalmente, acaba de volverse más grande.
