Brasil encadena su tercer mes con el 8,48 % de déficit y el central ya admite desaceleración

El país que hace dos años se jactaba de superávit vuelve a clavar el mismo agujero: 8,48 % del PIB en rojo, 1,089 billones de reales que se escapan por la rendija de las cuentas públicas. El Banco Central lo confirmó este martes: en los doce meses hasta febrero el déficit nominal no cedió ni un centímetro respecto a enero. La deuda bruta, por su parte, ya roza el 80 %: 79,2 %, medio punto más que hace treinta días.

El resultado primario maquilla apenas la hemorragia

El resultado primario maquilla apenas la hemorragia

Descartados los intereses de la deuda, el llamado resultado primario sigue en negativo: –52.800 millones de reales, –0,41 % del PIB. Es dos centésimas mejor que el cierre de enero, pero demasiado lejos de equilibrar el juego. El gobierno de Lula prometió volver al superávit en 2025; los cronogramas se tambalean y el mercado empieza a cobrar la factura con primas de riesgo que ya superan los 200 puntos básicos.

El timing no podría ser peor. La economía brasileña creció un 2,3 % en 2025 tras el 3,4 % de 2024, pero el Central proyecta que el descremado continuará: 1,6 % para 2026. La recaudación crece por debajo del nominal y el gasto pre-electoral se dispara: subsidios, transferencias y salarios públicos ya consumen el 92 % de los ingresos primarios. El ajuste, si llega, será post-urnas o no será.

La deuda, además, se alimenta de sí misma. Con la tasa Selic en 12,75 %, cada punto de déficit primario se convierte en 1,3 de intereses al año siguiente. El círculo vicioso ya se traduce en 180.000 millones de euros que el Tesoro colocará en letras y bonos antes de diciembre. El mercado interno absorbe, pero a cambio de plazos más cortos y precios más altos. El carry trade de fondos extranjeros, que en 2023 financiaba la fiesta, ahora solo entra con cobertura cambiara asegurada.

El mensaje que llega a Brasilia es claro: sin reforma tributaria y sin techo de gasto real, el déficit no bajará del 6 % en los próximos tres años. El ministro Haddad habla de “esfuerzo fiscal progresivo”; la realidad es que el gasto corriente ya supera el récord de 2015. Brasil volvió a la zona roja y esta vez el colchón de reservas internacionales —324.000 millones de dólares— no parece suficiente para aplacar a los que miran el reloj de la deuda.