Brenda cerén clava un gol olímpico y atlas despierta con sabor salvadoreño

El balón salió de su bota como si hubiera recibido órdenes de inmediato: entrar, romper la red y desatar el grito de un país entero. A los 22 minutos, Brenda Cerén dibujó la curva perfecta, la que los libros de táctica describen como casi imposible y que la afición del Jalista almacenará en la memoria con sabor a pupusas y orgullo centroamericano.

Un gol que vale más que tres puntos

atlas no solo venció 3-2 al Necaxa; recuperó la fe en una temporada que se le escapaba entre los dedos. El doblete de la delantera salvadoreña —el segundo, un gol olímpico que nadie tocó— colocó a las 'Margaritas' en la pelea por la liguilla y a Cerén en la vitrina de extranjeras que deciden partidos sin pedir permiso.

La jugada nació de una conversación previa con su asistente. «Veo a la portera adelantada, me dijo; si la cruzas, entra», confesó tras el partido. La pelota giró, se coló por el primer poste y estalló en un «¡gooool!» que retumbó hasta Santa Tecla. El silencio de las locales duró un segundo; luego vino el abrazo colectivo, la bandera azul y blanca ondeando en la tribuna sur y el técnico rojinegro respirando por primera vez en semanas.

La salvadoreña que se niega a ser suplente

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Cerén llegó a México con la etiqueta de «promesa» y la urgencia de quien sabe que el tiempo en la élite se mide en goles, no en excusas. Desde entonces ha anotado ocho tantos en 13 jornadas, participa en el 42 % de las jugadas de peligro de su equipo y lidera la tabla de remates de media distancia. «No vine a cumplir horarios», dijo en entrevista para radio Monumento. «Vine a romper esquemas.»

El gol olímpico —solo el décimo en la historia de la Liga MX Femenil— certifica su ascenso. La curva que inventó Onzari en 1924, que Kroos modernizó en la Supercopa y que Rapinoe ejecutó dos veces en Juegos Olímpicos, ahora tiene firma cuscatleca. El dato: solo cuatro futbolistas centroamericanos han logrado algo similar en ligas de CONCACAF; Cerén es la primera mujer.

El salvador gana terreno en el marcador global

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En las gradas, una docena de compatriotas cantó el «¡Sí se pudo!» que suele escucharse en el Cuscatlán. En San Salvador, la selección femenina sub-17 dejó los entrenamientos para ver el replay. «Brenda nos abre puertas y bolsillos», reconoció la entrenadora Erica Madrigal. El gobierno anunció horas después un aumento del 15 % al presupuesto deportivo femenino; los clubes de primera división local reportan un 30 % más de solicitudes de niñas para escuelas formativas.

México, a su vez, recibe una inyección de talento que no costó millones. Atlas invertió 120 mil dólares por los derechos de la jugadora; el retorno: pase a zona de Liguilla, récord de asistencia en el Jalisco y un crecimiento del 28 % en ventas de playeras oficiales. La directiva ya negocia una extensión de contrato con cláusula de salida europea. «No la vendemos, la protegemos», dicen en la oficina de Zona Centro.

La noche del gol olímpico, Cerén se quedó 40 minutos más firmando autógrafos. Una niña le entregó una cinta azul con el nombre de su comunidad, Mejicanos. La delantera la ató a la muñeca y prometió visitarla en diciembre. «Mi próximo gol va para ustedes», dijo. No era promesa de campaña; era aviso de navegante.

Cuando el estadio quedó vacío, el jardinero encendió los reflectores de mantenimiento y la pelena del córner seguía marcada en la grama. La huella es física y simbólica: una curva que resume la urgencia de una región por salir del olvido deportivo y la certeza de que, a veces, la geografía se reescribe con una sola patada.