Bruselas cede ante la industria y suaviza la presión por emisiones de camiones
La Unión Europea ha abierto la válvula de escape. bruselas ha aprobado este lunes una flexibilización temporal que permite a los fabricantes de camiones y autobuses acumular créditos de emisiones antes de 2030 para evitar el castijo cuando llegue el recorte del 43 %. La norma no toca el objetivo, pero alarga el camino para llegar a él. El mensaje es claro: el despliegue de infraestructuras de recarga no da la talla y la industria necesita oxígeno.

El 25 % de las emisiones del transporte pesa sobre los vehículos pesados
Los nuevos camiones, autobuses y autocares deberán reducir sus emisiones de CO2 un 15 % a partir de 2025 y un 43 % desde 2030. La revisión adoptada permite a los constructores acumular créditos entre 2025 y 2029 sin seguir la trayectoria lineal prevista. La medida afecta a los camiones de más de 16 toneladas y a determinados autobuses de más de 7,5 toneladas. Quedan fuera los urbanos, cuya electrificación avanza a buen ritmo y depende menos de las autopistas.
El Consejo de la UE justifica la maniobra por los "retos estructurales" del sector, en particular el lento despliegue de infraestructuras de recarga. La trampa es evidente: si los fabricantes venden más vehículos cero emisiones antes de 2030, podrán compensar la falta de reducciones en los años posteriores. El mecanismo convierte la transición en un juego de equilibrio contable.
La jugada recuerda al guiño que bruselas dio a los fabricantes de coches en 2023, cuando flexibilizó la senda de emisiones para 2027 y acabó rebajando el veto al motor de combustión en 2035. La historia se repite: la presión industrial dobla la norma y la norma acaba cediendo. La Comisión Europea mantiene, eso sí, el compromiso de revisar la norma en 2027. Entonces se verá si el crédito ha sido un puente o un agujero negro.
La UE dice que la flexibilidad incentivará un despliegue más temprano de vehículos pesados de cero emisiones. Pero la realidad es más prosaica: los fabricantes necesitan vender diesel para seguir facturando mientras las autopistas se llenan de postes de carga que aún no existen. El 25 % de las emisiones del transporte rodado europeo proviene de estos mastodontes de la carretera. La transición está en marcha, pero el acelerador sigue en manos de quienes más se benefician del freno.
