Buenos aires se blinda de noche: autopista cortada y 200 mil autos en la cuerda floja

La ciudad se prepara para una cirugía mayor de madrugada. A partir de este lunes 30 de marzo, después de las 22, Buenos Aires cortará la respiración de sus autopistas más transitadas. No es un paréntesis menor: Illia, Cantilo, Paseo del Bajo y Dellepiane quedarán en tinieblas durante ocho horas. El objetivo, según el Gobierno porteño, es convertir la zona sur en un eje de modernidad con un corredor exclusivo de colectivos y 4 km de parque lineal. Pero el presente inmediato huele a diesel y desvío.

El primer eslabón en romperse será la autopista Illia sentido Norte. Desde las 22 hasta las 6, los 200 mil vehículos que diariamente cruzan ese tramo deberán desembocar en Figueroa Alcorta o Del Libertador. La salida Cantilo hacia Udaondo, clave para quienes vuelan desde Aeroparque, permanecerá clausurada hasta mediados de abril. La postal es la misma en el sur: Dellepiane cerrará siete horas para hormigonar un puente peatonal sobre Río Negro. Quien se dirija a Ezeiza deberá improvisar una ruta: Argentina, Larrazábal, Eva Perón y rezar porque el Waze no colapse.

Cinco líneas de colectivo mudan de piel de noche

Cinco líneas de colectivo mudan de piel de noche

Las líneas 50, 56, 86, 101 y 117 ya recibieron el parte: modificarán recorridos, instalarán paradas provisorias y soportarán el malhumor de quienes pierden el colectivo sin saber que el cartelito cambió. El Gobierno promete señalización LED, pero la luz no alcanza cuando uno va corriendo con el mate en la mano y el celular sin batería.

El plan oficial suena a obra de Lego: 63 mil vecinos beneficiados, 15 mil pasajeros de transporte público con viajes más rápidos, 247 sumideros nuevos para que la cuenca Cildáñez no se convierta en lago cada vez que llueva. El problema es que la promesa se mide en semanas de caos y nadie garantiza que la lluvia no gane la partida.

Lo que nadie cuenta es que el corte nocturno es también un experimento social. Los taxistas ya afinan tarifas dinámicas. Los deliverys recalculan tiempos de entrega. Y los vecinos de Barracas y Parque Patricios descubren que el ruido de los martillos neumáticos sustituye al bocinazo del tránsito que ya no pasa.

La cifra habla por sí sola: 2.700 metros de conductos hidráulicos, 247 bocas de tormenta, un puente peatonal y seis paradores centrales. Todo para que Dellepiane deje de ser un canal de escape y se convierta en la autopista que Buenos Aires nunca tuvo pero siempre prometió.

El martes 31 la danza se repite, ahora con sentido al centro. El tramo entre General Paz y Argentina será un túnel de luces ámbar y conos naranjas. Quien llegue desde Riccheri deberá improvisar una vuelta por 27 de Febrero o Alberdi, mientras la ciudad duerme y el asfalto se vuelve a escribir de cero.

La ironía es dura: la modernización empieza por clausurar lo que ya funcionaba. La utopía verde y el corredor rápido nacen del cansancio de quienes mañana perderán una hora de sueño para llegar al laburo. Cuando el proyecto termine, tal vez el parque lineal oculte las cicatrices. Mientras tanto, la capital se despierta cada madrugada un poquito más lejos de sí misma.