Caiado irrumpe en la carrera presidencial con la promesa de indultar a bolsonaro

Ronaldo Caiado, médico devenido en barón del agronegocio, acaba de sacudir la mesa electoral brasileña: se lanzó a la carrera por el Planalto con un solo anuncio que hace temblar la cárcel de Jair Bolsonaro: indulto total para el ex presidente y para todos los convictos por el asalto al Congreso del 8 de enero de 2023.

El candidato que quiere apagar la grieta lula-bolsonaro

La jugada suena a desesperado cuando uno mira las encuestas —5 % de intención de voto—, pero Caiado no viene a negociar puntos de mercurio; viene a imponer su narrativa. En la sede paulista del PSD, ante cámaras que ya lo daban por fuera de juego, el gobernador de Goiás se plantó con la camisa azul planchada y la voz de quien ha pasado cuarenta años en los pasillos del poder: “La polarización no es un accidente, es un negocio para dos”. La frase suena a epitafio del ciclo que empezó con el impeachment de Dilma y terminó con Bolsonaro tras las rejas.

Detrás de él, el cartel del partido lucía nuevo: hace apenas diez días abandonó Unión Brasil porque la cúpula le cerró la puerta. El PSD, histórico camaleón ideológico, le abrió la ventana. En política brasileña eso se llama “porta de correr”: si el viento cambia, el partido se mueve antes que el candidato.

El corral de votos que promete 90 % de aprobación

El corral de votos que promete 90 % de aprobación

Caiado no habla de nacionalizar empresas ni de vender estatales; habla de soja, litio y pasto. Asegura que en Goiás —estado que gobierna desde 2019— el crimen organizado retrocedió 38 % y que la economía creció tres veces más que la media nacional. Lo que omite es que el crecimiento se bebe de la misma fórmula que él critica: monocultivo, tierra barata y subsidio al agronegocio. La promesa de llevar ese “modelo Goiás” al resto del país suena a venta de paquete turístico: todo incluido, pero el buffet es solo carne.

La apuesta tecnológica es otra cortina de humo que huele a campaña. Caiado promete “inteligencia artificial para el campo” y “tierras raras para el mundo”, pero en Brasilia aún nadie le ha visto un proyecto de ley que regule algoritmos. Lo que sí tiene es un convenio firmado con la Embajada de Estados Unidos para explorar nióbio en Caldas Novas. El litio, dicen los técnicos, está más cerca de la sal que del celular.

El indulto que divide al psd y enciende la derecha

El indulto que divide al psd y enciende la derecha

La promesa de amnistía “amplia, general e irrestricta” no es un guiño al bolsonarismo; es una declaración de guerra al Supremo. En la cúpula del PSD hay quien ya calcula el costo: el ministro Alexandre de Moraes, del STF, puede responder con una avalancha de investigaciones que dejen al partido sin tiempo de televisión. Pero Caiado juega otra partida: sabe que sin el voto duro del bolsonarismo no llega ni al 10 %. El indulto es su boleto de entrada en la televisión evangélica, donde el odio al Supremo se vende mejor que el mensaje de pacificación.

Mientras tanto, Flávio Bolsonaro —el hijo mayor que heredó el apellido y la máquina de fake news— observa desde el sillón del Senado. No necesita mover ficha: Caiado hace el trabajo sucio de desgastar a Lula en el centro, mientras él conserva la artillería pesada para la segunda vuelta. La derecha brasileña aprendió a jugar al ajedrez en tres tableros: uno legal, uno mediático y uno digital. Caiado se ofrece como peón, pero sueña con ser reina.

La frase que nadie le cree y todos repetirán

“Si no rompemos esta polarización, vamos hacia un atraso inimaginable”, dijo. La ironía es que el candidato que quiere pacificar al país arranca su campaña con la medida más divisiva posible: soltar al ex presidente que prometía colgar a los jueces. En Brasilia ya circula la foto de Caiado abrazando a Bolsonaro en el Palacio do Planalto. Es falsa, pero viral. En política, la imagen suele adelantar la realidad.

La cifra que importa no es el 5 % que aparece en los sondeos; es el 76 % de brasileños que dicen estar “cansados de la grieta”. Caiado apuesta a que ese hastío sea más fuerte que el rechazo al indulto. Si falla, habrá gastado su último cartucho. Si acierta, el 2 de octubre habrá un médico de 76 años con nueve perros en casa y un ex capitán del Ejército suelto por la calle. El Brasil que viene huele a pasto quemado y litio recién explotado.