Caiado irrumpe en la carrera presidencial con una amnistía que puede reescribir el pasado golpista de brasil
Ronaldo Caiado acaba de dinamitar el guion electoral brasileño. Desde la sede del PSD en São Paulo, el gobernador de Goiás anunció su candidatura con una propición que hizo temblar la sala: amnistíaamplia, general e irrestricta para los condenados por el asalto a los cuarteles del 8 de enero, incluido Jair Bolsonaro.
La jugada es tan audaz como calculada. A sus 76 años, el médico ranchero que controla el corazón agropecuario de Brasil acaba de ofrecerle a la ultraderecha la absolución que anhela mientras le quita oxígeno a Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente que lidera las encuestas contra Lula.

El candidato que viene del campo y apunta al centro
Caiado no es un improvisado. Lleva cuatro décadas tejiendo alianzas entre las sojeras de Mato Grosso y los laboratories de Brasilia. Cuando prometió «pacificar» el país, lo hizo con el mismo tono pausado con que ordena a sus vaqueros en la hacienda familiar de Goiás. El detalle es que su definición de paz incluye liberar a los que intentaron barrer con el Congreso hace quince meses.
El PSD, ese camaleón que ha servido tanto a Lula como a Bolsonaro, abrió sus brazos. El partido necesita un rostro que no sea ni el petismo que agoniza ni el bolsonarismo que sangra. En Caiado encontraron al veterano que habla de blockchain mientras calza botas de cuero y cita a Churchill en los discursos sobre soja transgénica.
Lo que nadie cuenta es que detrás del discurso de «innovación» y «tierras raras» hay un pacto preliminar con los generales. En los pasillos de Itamaraty ya circula un PowerPoint que detalla cómo Goiás se convirtió en el laboratorio de un nuevo modelo: inteligencia artificial aplicada al control de protestas, acuerdos de seguridad con la Embajada de EEUU y un ejército de drones que vigila la frontera con Bolivia.
La cifra habla por sí sola: 5 %. Ese es el techo que le conceden las encuestas. Pero Caiado no necesita ganar en octubre. Su objetivo es arrastrar los 3,5 millones de votos goianos hacia una segunda vuelta que se prevé más ajustada que una cuerda de guitarra. Con ellos, negociará fiscalías, ministerios y, sobre todo, el perdón presidencial que convertirá el 8 de enero en una página borroneada de la historia.
Mientras tanto, en la mansión de Campinas, Bolsonaro pasea sus perros con tobillera electrónica y sueña con el día en que Caiado —ese mismo a quien llamó «traidor» en 2021— le devuelva la libreta militar. En Brasilia, Lula ordenó a su equipo revisar cada contrato firmado con Goiás durante la pandemia. El juego acaba de empezar y Caiado ya tiene la primera carta marcada.
