Camiones asfixian parís: 20 céntimos no calman la ira del diesel

La periferia de París olía a gasoil y a rabia. A las 10:00, 200 camiones y autocares pisaron el fondillo del Bulevar Periférico, bajaron a 20 km/h y obligaron a la ciudad a respirar entre bocanadas de humo negro. No era un bloqueo, era una advertencia: 50 millones de euros del Gobierno no alcanzan para llenar un depósito que cuesta el doble que en enero.

El gesto de macron llega tarde y sin convencer

Bruce Aiglehoux, sindicalista de OTRE Ile-de-France, lo resumió en BFMTV: «Nos dan limosnas cuando pedimos precios». El viernes, el Ejecutivo prometió subvencionar 20 céntimos por litro durante abril a las empresas que justifiquen «dificultades graves». Traducción: más papeleo para una ayuda que cubre apenas un 8 % del encarecimiento.

El timing es demoledor. El barril Brent lleva tres semanas por encima de 87 dólares y el diésel francés roza los 1,85 €/l. Cada camionero pierde entre 400 y 600 € al mes, según la FNTR. La brecha entre la promesa y la factura se convierte en caldera política.

Extender la tirita hasta junio no ciere la herida

Extender la tirita hasta junio no ciere la herida

Este lunes, el ministro de Transportes, Philippe Tabarot, abrió la puerta a prolongar el chollito de 20 céntimos hasta junio. Horas después, el de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, barajó expedientes de desempleo temporal para las flotas que vean caer su actividad. Parches. Mientras, la ministra de Energía, Maud Bregeon, sigue sin tocar el impuesto interior de consumo, el 60 % del precio final. Ahí reside el elefante en la autopista.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, intentó distraer la atención con 700.000 cheques energéticos extra de 150 € para hogares. Bonito, pero irrelevante para el transportista profesional que hace 60.000 km anuales y paga 25.000 € anuales en combustible. La medida suma 105 millones de gasto; la factura energética del sector ronda los 15.000 millones.

La protesta no paralizó la ciudad, pero sí la humilló: 35 km de cola, coches pitando, conductores de SUV mirando el reloj y la aguja del gasolina. París entera pudo comprobar que, cuando el diesel sube, la economía entera tose. El 85 % de los productos que consume la capital llegan por carretera. Si el camionero pierde, el supermercado gana; y el consumidor, paga.

El eco de la bronca ya viaja a Bruselas. La UE prepara una revisión de la fiscalidad energética antes del verano. Francia, que presume de liderazgo verde, se juega la credibilidad: o baja impuestos al transporte o verá cómo el descontento se exporta por la A-1 hasta Lyon, Marsella y Calais. La próxima vez, los camiones no irán a 20 km/h; irán a 0.