Cannavaro le da un baño táctico a la vinotinto desde los once metros

Fabio Cannavaro no necesitó ni prórroga para dejar a Oswaldo Vizcarrondo sin argumentos. Un disparo de Carlos Sosa besó el poste, el estadio Bunyodkor estalló y Uzbekistán se llevó el bonus psicológico que nadie anota en la tabla: la certeza de que su fútbol de presión y salidas rápidas puede domar a un rival sudamericano que sueña con su primer Mundial.

La jugada que nadie vio: presión alta y contragolpes quirúrgicos

El 0-0 fue mentira. A los 27 minutos, Eldor Shomurodov recibió entre líneas, giró y dejó a tres venezolanos mirando el balón como si fuera un holograma. Su volea se fue rozando el palo, pero la advertencia quedó grabada: la zaga de la Vinotinto no encontró antídoto al juego interior de los uzbekos. «Cortamos la circulación en la mitad de cancha y forzamos el error», confesó tras el partido Otabek Shukurov, el mediocampista que marcó el penalti decisivo.

Venezuela respondió con lo que sabe: remates desde fuera. David Martínez probó tres veces a Abduvohid Nematov, pero el portero local leyó la intención como quien lee subtítulos en otro idioma. La más clara llegó al 68’, cuando Jesús Ramírez definió por encima del travesaño tras una pared con Martínez que prometía gol y terminó en suspiro.

El penal que decide y el dato que duele

El penal que decide y el dato que duele

La FIFA Series 2026 salta la prórroga para preservar calendarios ya sobrecargados. Así, tras noventa minutos de tira y afloja, la suerte se definió desde los once metros. Salomón Rondón —ingresado al 64’— convirtió el suyo con la sangre fría que le compró en China, pero Sosa, el recambio estrella, cruzó demasiado. El balón besó el palo derecho y Uzbekistán celebró su segunda victoria en la serie tras vapulear a Gabón 3-1.

La estadística que duele: Venezuela lleva 14 penaltis errados en sus últimos 20 definiciones por penalti. La Vinotinto no gana un partido fuera de casa desde septiembre de 2022 y suma cinco derrotas consecutivas en tierra asiática. El Mundial 2026 sigue siendo un espejo lejano, mientras que Uzbekistán ya tiene fecha contra Portugal y Colombia en la fase de grupos.

Cannavaro, campeón del mundo como jugador en 2006, dio una clase magistral de gestión táctica: presión tras pérdida, salida rápida por dentro y cambios sincronizados al minuto 72 que refrescaron el mediocampo sin perder la columna vertebral. «Sabíamos que Venezuela apuesta por el disparo lejano. Cerramos espacios y obligamos al error», dijo el italiano con la sonrisa de quien ya sabe que su nombre aparecerá en los grupos de WhatsApp de Lisboa y Bogotá.

La noche terminó con los uzbekos cantando en cirílico y la delegación venezolana abrochándose los abrigos bajo la lluvia de Taskent. La FIFA Series 2026 sigue su curso, pero la foto del lunes la tomó un palo derecho que aún tiembla en el aire del Bunyodkor. La Vinotinto volverá a intentarlo contra Trinidad y Tobago, pero la lección quedó grabada: en el fútbol moderno, el balón no perdona la imprecisión. Y los penaltis, menos.