Capturan a los hermanos que secuestraron a diana ospina en bogotá

Cuarenta y tres horas. Ese fue el tiempo que Diana Ospina estuvo retenida en una vivienda del sector de Juan Rey, en Usme, mientras dos hermanos con antecedentes penales la obligaban a revelar claves bancarias y autorizaban retiros en cajeros automáticos por todo el sur de bogotá. Este lunes 30 de marzo de 2026, el alcalde Carlos Fernando Galán y la Policía Metropolitana confirmaron lo que la ciudad esperaba: Diego Armando Gómez Cardozo, alias Pachanga, y Juan Pablo Gómez Cardozo, alias Pablito, están capturados.

Un secuestro que empezó en un taxi de chapinero

La noche del 22 de febrero marcó el inicio de todo. Diana salió de un establecimiento nocturno en la localidad de Chapinero y abordó un taxi conducido por alias Pablito. No era un servicio casual: era el primer eslabón de una trampa calculada. El conductor la llevó hasta su vivienda en el barrio Santa María del Lago, donde ya esperaban otros dos hombres, entre ellos su propio hermano, Pachanga.

Lo que siguió fue un recorrido macabro por media ciudad. El GPS del taxi lo registró todo: la calle 170 en Suba, luego Bosa, después San Cristóbal, y finalmente la vivienda en Juan Rey donde la mantuvieron encerrada. Mientras tanto, uno de los captores operaba en el sector de Santa Matilde, haciendo retiros en cajeros con las tarjetas de la víctima.

Creían que había más de 1.200 millones en sus cuentas

Creían que había más de 1.200 millones en sus cuentas

La razón por la que no la liberaron antes tiene una lógica tan fría como reveladora. Según la Policía, los secuestradores estaban convencidos de que las cuentas de Diana superaban los 1.200 millones de pesos. Lograron retirar cerca de 50 millones antes de que los sistemas bancarios bloquearan las operaciones. La cifra real nunca llegó a esa fantasía, pero para entonces ya habían recurrido a la violencia física y psicológica para arrancarle cada clave, cada dato, cada acceso posible.

La investigación procesó más de cincuenta mil datos: rutas, cajeros, números de teléfono, registros de movimiento. Un trabajo que el Gaula de la Policía Metropolitana, en articulación con la Fiscalía General de la Nación, construyó pieza por pieza.

Alias pablito intentó desviar la investigación presentándose ante el gaula

Alias pablito intentó desviar la investigación presentándose ante el gaula

Hay un detalle que dice mucho sobre la audacia de los implicados. Un día después del secuestro, alias Pablito se presentó voluntariamente ante el Gaula, acompañado de un abogado, con una versión fabricada de los hechos. Intentó desvincularse del caso antes de que la investigación lo alcanzara. No funcionó. Los investigadores ya habían cruzado suficientes datos para identificarlo como la persona que perfiló a la víctima y ejecutó el operativo desde el primer momento.

Los teléfonos celulares incautados se convirtieron en el material probatorio que terminó de cerrar el caso.

Una estructura que vivía en la sombra

Los hermanos no operaban de forma improvisada. Cambiaban de residencia cada cinco días, usaban números telefónicos internacionales para comunicarse, habían eliminado sus redes sociales y no portaban documentos de identidad. Pachanga, el mayor de los dos, cumplía prisión domiciliaria cuando ocurrieron los hechos. Su hermano había salido de la cárcel apenas seis meses antes.

La presión sostenida de las autoridades fue lo que finalmente los obligó a soltar a Diana Ospina. La liberaron en la vía hacia Choachí, lejos de la ciudad, como si la distancia pudiera borrar lo que habían hecho. Ambos enfrentan ahora medida de aseguramiento por los delitos de secuestro y hurto calificado y agravado. Cincuenta mil datos no mienten.