Carlos herrera se reinventa: su nieto marcos cambia la semana santa de sevilla
Carlos Herrera ya no mira el cielo hispalense con la misma certeza. El pasado 7 de marzo, cuando su hijo Alberto y Blanca Llandres presentaron al pequeño Marcos, el periodista descubrió que la crónica más importante de su vida no se emitiría por la radio. A punto de cumplir un mes como abuelo, el locutor ha pasado de entrevistar presidentes a enseñar fotos de su nieto a desconocidos en la calle Sierpes.

Un domingo de ramos distinto
La felicidad le salía por los ojos este Domingo de Ramos. Allí estaba, junto a Pepa Gea, minutos antes de que La Borriquita desfilara entre juncos y cera, hablando de cuna en vez de crucifixos. «Estoy enseñándole la foto de mi nieto a todo el mundo, como corresponde», confesaba sin pudor, esa frase que ningún oyente de sus programas habría imaginado saliendo de su boca.
La euforia inicial ha madurado en discreción, pero la sonrisa le delata. En los pasillos de la catedral, donde antes intercambiaba datos de auditoría, ahora intercambia pañales por sonrisas. El hombre que desayunó con Aznar y cenó con Bush ha descubierto que el poder absoluto pesa 3,2 kilos y se llama Marcos.
El año que viene ya se ve acompañado del carrujo en la misma procesión. La Borriquita, testigo de tantas primaveras sevillanas, aguardará al nuevo Herrera. Entretanto, Carlos ha encontrado la única entrevista que no puede editar: la que le hace su nieto cada mañana con solo abrir los ojos.