Carneiro tira la toalla: el ps abraza al centro y deja tirados a los suyos
Portugal acaba de presenciar el funeral del socialismo clásico. José Luis Carneiro subió ayer al estrado de Viseu, sonrió a las cámaras y enterró cuarenta años de confrontación. Su mensaje: el Partido Socialista ya no quiere ganarle al gobierno de Luís Montenegro; quiere ayudarle a gobernar.
La frase que lo condensa llegó envuelta en seda: “oposición responsable, constructiva y firme”. Traducción: no vamos a molestar. Ni una sola vez mencionó la palabra “alternancia”. El tiempo de la izquierda combativa se acabó. Ahora toca convergencia, esa forma elegante de rendirse sin bajar la bandera.
El 96 % que no ilusiona
Hace quince días Carneiro fue reelegido con el 96 % de los votos y sin rival interno. El dato parece un mandato; en realidad es una losa. Nadie le discutió porque nadie cree que el PS vaya a recuperar el timón. El congreso fue una clínica de autoayuda para perdedores: aplausos, abrazos, discursos sobre “los cincuenta años de libertad” y, al final, la foto de familia con el mismo que capitanea la debacle.
El país que dejó la dictadura en 1974 ahora tiene a su izquierda pidiendo permiso para sentarse en la mesa del adversario. Carneiro prometió que dialogarán “en las materias esenciales”. ¿Cuáles? Sanidad, vivienda, combate a la pobreza… y la reforma laboral que Montenegro prepara para desmontar la jornada de ocho horas. El PS, según su líder, la “mejorará” desde dentro. Es decir, legitimará la precariedad con sello socialista.

Portugal 2035: un espejismo con fecha
El calendario que desplegó Carneiro huele a campaña publicitaria: convergencia con la media salarial europea en 2035, 3 % del PIB en I+D, fin de la pobreza infantil y un “pacto verde” que nadie firmará. La platea aplaudió. Fuera, los 140 000 jóvenes ni-ni portugueses ni se enteraron: estaban trabajando en la economía sumergida o mirando TikTok en cuartos alquilados por habitación.
La ironía es brutal. El PS que nacionalizó bancos y frenó la troika ahora promete bajar impuestos a las empresas que pongan pisos “por debajo de la mediana”. El mismo partido que defendió la agenda del trabajo digno se ofrece para suavizar la reforma que la dinamita. Y todo bajo la excusa de la “responsabilidad”, esa palabra que los adultos usan cuando ya no creen en nada.
El único ganador se llama chega
Mientras Carneiro abraza el centro, la ultraderecha de André Ventura come terreno. Chega ya es segunda fuerza en las encuestas. El PS, tercero. La estrategia de “no confrontar” no seduce a los desesperados; solo entretiene a los ya convencidos. El mensaje es claro: si Montenegro necesita apoyos, Carneiro estará ahí, con la corbata bien anudada y la contestación guardada en el bolsillo.
La prensa extranjera titulará que Portugal se estabiliza. Mentira. Lo que se estabiliza es la resignación. El país que inventó la revolución de los claveles acaba de enterrar la última ilusión de cambio. Y lo peor: lo ha hecho con aplauso.