Cartagena: la muerte de un bebé desata la indignación y cuestiona la atención médica

El pequeño Isaías David Rojas Vargas, de tan solo unos meses de vida, falleció el pasado 5 de abril en Cartagena, dejando tras de sí un reguero de dolor y una creciente interrogante sobre la calidad de la atención médica en Colombia. La muerte ha encendido las alarmas y puesto en el punto de mira a Nueva EPS, la entidad prestadora de salud responsable de su cobertura.

Una cardiopatía compleja y un traslado demorado

Isaías David nació con una cardiopatía congénita de extrema complejidad, diagnosticada como “una cardiopatía congénita compleja cianosante, con situs inversus, dextrocardia, canal auriculoventricular total desbalanceado”. Una condición que, según los médicos, requería intervención quirúrgica urgente en un centro especializado. Desde su nacimiento, en la Clínica Regional de Especialistas Sinais Vitais S. A. S. en Bosconia, el bebé permaneció en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, pero la espera para un traslado a Cartagena se convirtió en el epicentro de la polémica.

La familia del pequeño denunció encarecidamente las demoras en la autorización del traslado, llegando a bloquear la vía nacional en Bosconia el 18 de marzo, en un desesperado intento por presionar a Nueva EPS. La situación, que se viralizó rápidamente, evidenció una aparente falta de respuesta por parte de la entidad, lo que, según los familiares, habría contribuido al progresivo deterioro del menor durante casi dos meses. Un deterioro que, finalmente, culminó en su fallecimiento.

La versión de nueva eps: ¿atención oportuna o burocracia fatal?

La versión de nueva eps: ¿atención oportuna o burocracia fatal?

Ante la ola de críticas y la protesta ciudadana, Nueva EPS emitió un comunicado en el que lamenta profundamente el fallecimiento del menor e intenta justificar su actuación. La entidad afirma haber garantizado “el acceso oportuno a los servicios de salud requeridos, así como a los tratamientos ordenados por el equipo médico tratante”. Según su versión, el traslado a la IPS Clínica Neuro Cardiovascular–Neurodinamia en Cartagena fue finalmente autorizado y se realizó el 18 de marzo.

Pero hay un detalle que la EPS omite: la demora inicial que, según la familia, fue crucial. Una vez en Cartagena, Isaías David recibió atención de un equipo multidisciplinario, se le realizaron estudios y se definió la necesidad de una cirugía, que se llevó a cabo el 2 de abril. A pesar de la intervención, el menor falleció días después. La EPS, en su comunicado, insiste en que se hicieron “todos los esfuerzos terapéuticos”, pero la realidad es que la espera prolongada pudo haber comprometido irreversiblemente su salud.

La cifra habla por sí sola: casi dos meses de angustia y espera, mientras un bebé con una cardiopatía compleja luchaba por sobrevivir. La familia de Isaías David, devastada por la pérdida, exige una investigación exhaustiva para determinar las responsabilidades y evitar que esta tragedia se repita. La muerte de Isaías David no es solo una tragedia familiar, es un reflejo de las deficiencias que aún persisten en el sistema de salud colombiano.

Más allá del comunicado: la necesidad de un cambio sistémico

Más allá del comunicado: la necesidad de un cambio sistémico

Nueva EPS, como tantas otras entidades prestadoras de salud, se escuda en el cumplimiento de los criterios establecidos para la prestación del servicio. Pero ¿qué criterios son esos si ponen en riesgo la vida de un paciente? La burocracia, la falta de agilidad en la toma de decisiones y la priorización de trámites sobre la salud de los pacientes son problemas estructurales que requieren una solución urgente. El caso de Isaías David debe ser un punto de inflexión, un llamado a la reflexión y a la acción para garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a una atención médica digna y oportuna, independientemente de su lugar de residencia o su condición económica.

La historia de Isaías David, un bebé que nunca tuvo la oportunidad de crecer, es una herida abierta en la sociedad colombiana. Una herida que, si no se cura con medidas efectivas y transparentes, seguirá sangrando y causando dolor.